1 dic. 2016

Mis amantes, los dioses.


    "La mañana me trae como regalo los primeros rayos del sol que cálidos se sienten como besos que nacen, danzan y se disipan, primero sobre mis descubiertos hombros, luego se abren camino con tibiamente a través de las delgadas sábanas de blanco satín que me abrazan. Cedo. De a poco descubro mi cuerpo para recibir en él el regalo de este amanecer en que pertenezco a la brisa. Mientras Hermes me besa el cuerpo Eolo me regala el perfume de húmedas hierbas y tierra que cerca están de ocultar el aroma de las rosas en mi ventana. Sigo deslizando las sábanas poco a poco, moviéndome cuan suave y lento puedo hacerlo puesto que no quiero ahuyentar los brazos de mis dos divinos amantes aún, quiero me crean indefensa y aún dormida.

     La tela fluye como un riachuelo descubriendo mi pecho, mi vientre, mi cadera, hasta ahí alcanzan mis brazos, ahora los rayos del sol pueden tocar mis brazos, mi cuello, solamente la seda de mi blusa les oculta parte de mi, pero no mucha puesto que el escote a penas salva la más sensible de mi piel, descubre mis clavículas y llega a la mitad entre mis senos que se sonrojan sensibles ante la luz que los acaricia, debajo, la frontera de la mentada prenda descansa dividiendo mi vientre justo sobre el centro de mi, su delicado peso y paño separan los dedo cálidos del sol que revolotean por mi abdomen de los meros murmullos tibios que la seda deja pasar sobre mis ocultas costillas.

     Ya asoma de las huidizas sábanas una de las prendas que resguarda mi intimidad, seda del mismo paño que mi blusa, un aperlado color champaña, los pliegues del elástico que la ciñen apenas bajo mi cintura destellan al azar con el característico brillo de esta tela tan mía. El brillante sol no me deja mentir, la otra prenda debajo luce a penas como un espíritu color plata que falla intentando ocultarse bajo la leve y difusa  transparencia de la seda. Hermes me mira. Yo sigo fingiendo cuanto puedo que duermo, pero la seducción de los tibios besos de luz y las frescas caricias del viento tienen mis nervios alerta, despiertos, se sienten como si se abrieran paso unos con otros para llegar a flor de piel, y allí ansiosos quisieran brotar como césped, pero no es así, pues el fin vello que me cubre ya cumple esa misión, se ondea en el vaivén del viento mientras comparte su alegría con la piel, no puedo evitarlo, se eriza a ratos, cede, vuelve. Lucho por mantenerme inmóvil, ojos cerrados, labios entreabiertos que desean morderse, cabello que cae como enredaderas por doquier, que con sutiles roces me recuerda su existencia como si soñara por si miso ser la corona de una gorgona.

     Serán mis piernas entonces las que continuen el trabajo de mis brazos y me dejen descubrir mi cuerpo entero sigilosamente. Despacio, grácil, asciende una, desciende la otra, soy como un grillo haciendo silenciosa música con notas de roces entre mi piel y el satín. Para este momento mi respiración temo me traicione, pues deja de a poco la calma y se enciende en una escalada cuya cúspide conozco, pero la controlo aún, espero, pues sé sin mirar que la media luna que es contorno de mi busto oscila ya creciente y menguante.

     Minutos se sienten como horas mientras hago consciente cada sensación en mi cuerpo, piel, tela, sol y viento, mi corazón que rápido palpita, mi respirar hondo pero silencioso, mi lenta pero firme danza para descubrirme de cuerpo entero, todo cruza por mi mente que teje esta mañana en una experiencia como ninguna antes, tan simple, tan compleja. La sábana ha corrido hasta mis rodillas.

     El corte del short, a medio camino de ser una falda. La prenda se aferra a mi por arriba y se holga sobradamente para dar paso a mis piernas, a penas un delgado corte de tela cruza entre ellas de adelante atrás, impredecible y siempre asimétrica se acomoda sobre cada pantorrilla, incluso en una aún más arriba, lo sé  porque el Hermes no pierde tiempo y recorre toda la piel desnuda que encuentra, mientras Eolo busca los requisios entre los pliegues de la volátil tela y acaricia debajo de ella topándose incluso con el color plata debajo, lo siento, su ligera caricia me estremece un poco. Resisto aún.

    La sábana ha llegado al final de su camino, se envuelve en sí misma a mis piés, mismos que la acarician, lentamente, en agradecimiento a su dócil flujo, el sol se apresura sobre mis empeines dejando a mis frías plantas celosas del calor hasta que la brisa cosquillea en ellas como reconfortándolas, mis dos dioses amantes parecen ya tomarse de la mano pues la brisa es tibia, y los rayos solares abrasan con menor fuerza. Ambos se miran uno a otro, sobre mi, sin palabras acuerdan seguir llevándome hacía el más dulce de los éxtasis: el de estar con vida."







    Resulta que ese es un texto que pretendo forme parte del diario de una chica que asciende del pudor enfermizo a la realización y libertad como un ser humano completo que acepta, desata, enfrenta y logra domar sus emociones más íntimas y poderosas, un acenso en el que ella pasa de ser una participante en su vida, a la absoluta autora. Agregando así un proyecto más a la lista de "to-do". Es posible que esté directamente relacionado a una novela y no sea una isla.