25 mar. 2013

Cada instante se pierde un pedacito de patria

    Ya no hay más palabras para describir el deplorable estado en que se encuentra el país tras la artificial fachada de éxito y hermosura abanderadas por un individuo cuya épica incompetencia rivaliza solo con el carisma que los medios tradicionales le atribuyen.

    Uno a uno se han "resuelto" los grandes problemas del país en semanas; en a penas unos meses todos los políticos se han vuelto trabajadores y aprueban a todo vapor reforma tras reforma; disciplinados, entusiastas y ejemplares vendedores de talla internacional con un jugoso stock de productos que ofrecer tanto en oro negro como en amplio rating para los milagrosos productos de siempre.

    Como fue predicho por muchos, un nuevo milagro mexicano se ve en un horizonte brillante descrito por las mismas televisoras que describen a los movimientos estudiantiles de 2012 como actos de vandalismo patrocinado, compuestos de jóvenes ignorantes y porros sin mejor oficio que marchar en pequeños contingentes en las principales ciudades del país.

    México repunta en un sistema de economías que estallan majestuosas cada vez que venden su patrimonio al mejor postor antes de apagarse por décadas lamentando solo generaciones más tarde la estupidez y visión cortoplacista de sus dirigentes; México arranca dejando atrás a un Brasil que protege sus recursos y a una China que defiende su independencia económica del dolar.

    ¿A qué costo se han logrado éstos 100 días de fuegos de artificio que describe Jhon Ackerman? ¿A qué costo se ha logrado ésta cirugía plástica que delata Denise Dresser? ¿Qué perdimos en esas acaloradas madrugadas de debate y legislación de nuestro heroico poder legislativo que tanto aplauden Azcárraga y Slim, los Salinas con y sin pliego? ¿Cuántos de los más de ciento veinte millones de habitantes se percatan del daño que sufrió nuestra amada patria en a penas cien días?

    Cada acto de gobierno ha vuelto a ser una ensayada coreografía para complacer a los magnates con los que actualmente (y casi desde tiempos inmemoriales) se prostituyen indiscriminadamente los políticos sin importar ya su color.    Dicho juego no se trata de saquear a los pobres para dar a los ricos, pues hay ricos que los son por derecho propio y pobres que lo son a pulso, se trata del círculo de poder que no compite con las mismas reglas del juego que todos los demás, que detiene al país completo estancado en la mediocridad reflejo de la propia de quienes lo componen, seres pusilánimes sedientos de dinero y carentes de principios.

    ¿En verdad no nos damos cuenta de que la máquina aplanadora del PRI (como la llamara un sabio) ha vuelto a echarse a andar si es que alguna vez se fue?

    Cada segundo que pasamos en el silencio y la comodidad de la apatía para con los asuntos de interés nacional es un segundo que caminamos en dirección contraria a un verdadero futuro brillante que merece esta nación; ese gigante dormido que alimenta a los cerdos que hacen fila danzando entre un cargo público y otro sin cumplir una sola de sus funciones; y que sin embargo sigue allí, esperando a que un pueblo, culto, inteligente y organizado lo despierte; un pueblo que, por el momento, desafortunadamente parece inmutable ante el dolor de su tierra madre.

    Cada día que pasa y que como mexicanos perdemos en el partido de futbol o la telenovela de moda es un día de prosperidad que le quitamos a las generaciones venideras; basta, ¡basta de silencio y conformismo!

¡Viva México en cada acto de libertad y de justa protesta en contra de sus saqueadores!
¡Viva México en el corazón de cada uno de sus habitantes que alza su corazón y su voz!
¡Viva México en cada persona que combate con su ética la corrupción desde su trinchera!

¡Viva México mientras al menos un alma lo defienda a contracorriente!