22 ene. 2016

Capítulo ?: Amar te duele



Ak dovurak, Rusia
(90.55ºE, 51.17ºN)
22:30 - 08/sep/1979

    Un apacible y silencioso pueblo se estremece con múltiples detonaciones de rifles de alto calibre, el eco recorre las contadas calles yendo de un lado a otro entre muros de piedra y ladrillo llegando hasta los árboles del bosque circundante haciendo que algunas aves levanten el vuelo desde las copas.
    Ante los incrédulos ojos de Sergei y desde lo alto de un árbol, cae Linhhn-i tras recibir al menos tres disparos de casi una veintena de intentos casi simultáneos, aparentemente inerte debido a la torpe postura con que se aproximaba al suelo colisiona incluso con algunas ramas que relentizan su precipitación. La reacción del hombre es cuan rápida le permite su cuerpo, pues sale de su resguardo dando una brusca orden por radio al tiempo que se apresta una pistola y aproxima al siguiente árbol cubriéndose tras él por a penas un instante antes de ir al siguiente., sin embargo en un parpadeo la creatura cambia su postura a centímetros del suelo para colocarse en cuatro patas como acechándole pues clava en él su mirada tan rápido que lo congela de temor y a penas medio cunbierto tras el segundo árbol.
    -Tú otra vez, ¡¿Cómo me encontraron?!- Habla entre rugidos La Mantícora causando que Sergei no pueda hacer más que tragar saliva mientras tira su arma al suelo incapaz de articular palabras o de si quiera hacerse obedecer por su cuerpo. -¡Responde creatura despreciable!, ahora sé que eres tú quién los guía- Continúa severamente aquél imponente ser que a paso lento se aproxima cambiando al paso su anatomía humana para transformarla en aquella que le hubiese ganado el apodo.
    En la distancia ya se escuchaban vehículos en movilización, algunos disparos más llueven sobre el ser homínido quien claramente recibe algunos en el cuerpo sin si quiera parpadear o cambiar la velocidad de su avance.
   -¿Creías que me cazabas?- El rostro, ya distante del de una joven humana, de la felina creatura mostraba enormes colmillos que se asemejaban a una sardónica sonrisa.
    En aquel momento Sergei entiende que su fracaso iba más allá de unos cuantos segundos atrás, no había sido salir de su cobertura; al menos ese día él había sido la presa desde un principio; volvía tras sus pasos y se arrepentía de su arrogancia, de su descuido que si bien debía existir no podía descubrirlo ahora en su turbada mente que poco a poco cedía ante la sobredosis de adrenalina.
    Los vehículos se escuchaban más cerca cada vez y sus motores le hacen al hombre recobrar conciencia por un instante en el que trata de dar media vuelta para emprender la huida, pero su cuerpo pierde repentinamente toda espacialidad, su respiración se corta de tajo y su vista se nubla, como si de un sueño se tratara breves destellos de imágenes del paisaje cruzan aceleradamente frente a sus ojos, su cuerpo sufre una contusión tras otra sin que pueda entender qué está pasando.
    Desde sus miras telescópicas un par de soldados presencia una escena que raya en lo absurdo y les deja pasmados: En a penas un instante La Mantícora se había lanzado sobre Sergei Okhotnikov apresando con las fauces su cuello emprendiendo de inmediato una frenética carrera hacia lo más denso del bosque sin soltar el cuerpo del investigador como si de un lobo y un conejo se tratase, los disparos cesan más por confusión que por proteger al hombre mientras la cazadora y su presa se pierden en la distancia tras una breve pero inútil persecución de un par de vehículos militares que quedan impedidos por una escarpada colina que su objetivo escala velozmente sin dificultad.
   Sergei de a poco recupera el conocimiento, con él recobra sensibilidad en el cuerpo siendo así azotado por dolores en cada extremidad, su piel arde, su pecho le duele al inhalar, sus sentidos le dan información parcial y espaciada mientras abre lentamente los ojos que sin embargo le revelan una oscuridad total.
    -Menos mal que no estás muerto, necesito hacerte muchas preguntas antes de que lo estés.
   La voz es inconfundible para él, aunque a penas la había escuchado distantemente un par de veces.    Su castigado cuerpo le dificulta moverse, la oscuridad además le hace obviar la falta de propósito de intentarlo sus oidos le decían la creatura se encontraba a poca distancia en la dirección de su cabeza, su primer intento por corresponder la comunicación cesa por el dolor en su pecho que ya se extendía al cuello y se apaga en una breve tos.
   El silencio se prolonga, el detective se sabe indefenso y simplemente se procura reposo mientras a tientas se inspecciona el cuerpo.
   -¿Qué buscas? No tienes ni armas ni la caja de ruidos.
   -Radio.- Contesta quedamente Sergei. -Pero en realidad me busco heridas.
   -¿Cómo me encontraste? ¿Cómo me haz encontrado tantas veces?
   -Eres un animal... ...muy listo, pero joven aún. Y mientras buscas ese “algo” en los pueblos dejas rastro...
   -¿Y tú qué eres?
   El hombre nunca pensó estar en esa situación, nunca creyó poder hablar con aquella creatura, su objetivo había sido claro desde el principio, ayudar en su captura o en su defecto exterminio, en su mente el último encuentro con La Mantícora sería muy diferente pues era simplemente una presa más para él, un caso más que resolver, un rastro más que seguir.
   Cuando recién se involucró en esta cacería los militares le habían hablado tanto del ser pero le habían mostrado tan poca evidencia que le resultaba imposible creer en la existencia de tal experimento, le argumentaban que la base militar de la que había escapado había sido tan dañada que los trabajos de recuperación de información aún meses después continuaban, que nadie había sobrevivido en aquél lugar, que quedaban a penas unas pocas fotografías a medio quemar, unos documentos muy extensos con nada más que garabatos científicos que los militares poco apreciaban. Sergei lo único que pensó en un principio fue que se trataba todo de una elaborada táctica de reclutamiento para alcanzar niveles más interiores en los círculos secretos de la inteligencia militar. Sin embargo finalmente la vio, una calmada tarde en un bosque dio casi por coincidencia con un rastro de huellas que lo llevaron a encontrarse por primera vez, aunque a cientos de metros de distancia, con la creatura que había sido capaz de acabar con un batallón completo en cuestión de horas.

   Unos leñadores habían informado al ejercito de unas huellas humanas en la nieve de apariencia tal que temían una persona estuviera perdida en la tundra, siguiendo tal pista Sergei y una escuadra militar dieron con una visión de principio les hizo reír: una joven mujer de poco más de metro y medio que se desplazaba torpemente en nieve profunda, dando saltos con descuido infantil en dirección a una pequeña aldea anónima en los bordes de Siberia. Sin embargo era claro que no era algo normal pues aquella figura retozaba completamente desnuda en un clima muy por debajo de cero sin ningún síntoma de molestia.
   Sin escatimar en precauciones él y su séquito se acercaron a la aldea seguidos del despliegue de media docena de vehículos en los alrededores. Al internarse, las huellas en la nieve los llevaron a una cabaña claramente habitada, a penas un momento tras haber rodeado el lugar se escucha alboroto dentro, los habitantes denotando una intrusión que poco dura pues cuando los soldados se aprestan a entrar la creatura sale por una ventana vistiendo sencillas prendas de dormir muchas tallas mayor pues le quedan holgadas al punto de tropezar con ellas en su aterrizaje en la nieve a lo que uno de los soldados reacciona disparando.
   El certero tiro en el abdomen de la que hubiese lucido hasta entonces como una inofensiva joven cambie por completo su apariencia y postura, su boca se abre mucho más allá de cualquier límite humano y sus encías pulsan llenándose de aserrados dientes, sus orejas se estiran hasta asemejarse a las de un murciélago, sus piernas crujen invirtiendo sus articulaciones mientras sus manos se convierten en zarpas a la vez que su piel comienza adquirir un tono grisáceo al tiempo que ruge con la potencia de un enorme oso.
   Sergei contempla incrédulo a penas doblaba desde una esquina por lo que se tiende al piso enterrándose discretamente cuanto puede en la nieve mientras observa a la pesadillezca creatura recibir los disparos del aterrorizado soldado que en breve es alcanzado por los otros tres que le acompañaban, sin embargo, en un parpadeo, antes de que otra arma se dispare los cuatro soldados quedan reducidos a miembros y vísceras esparcidos por la pared y la nieve sin que el único espectador se pueda explicar lo ocurrido, luego el abominable ser cambia de nuevo su apariencia para asemejarse mucho a un canino que de inmediato emprende carrera con dirección al exterior de la aldea despojándose en el proceso de las desgarradas ropas que le quedaban.
   El inspector escucha disparos en las afueras pero lo ignora y se apresura a entrar en la cabaña, en el interior una pequeña familia se apretujaba en una esquina en un abrazo que denotaba terror más por los disparos que por la intrusión, ningún herido allí, ningún destrozo. Tras reconfortarles, Sergei, les hace varias preguntas y ofreciéndoles dinero les pide omitir varios detalles si eran cuestionados por militares.
   -Yo soy otro animal, pero más viejo.
   -¿Por eso me puedes rastrear? ¿Por viejo? ¿Cuando envejecen les mejoran los sentidos?.
   -En realidad se ponen peor pero no solamente gracias a los sentidos un animal caza ¿o si?, requiere inteligencia.
   -Eso es estúpido si el animal que pretendes cazar tiene más fuerza, colmillos, garras.
  -Si, ahora lo entiendo, no importaba cuando te hubiera encontrado, simplemente no podía hacerte frente, esto no se trataba de mi cazándote a ti ¿verdad?, creí te podía vencer con inteligencia.
   -¿Por qué lo haces? ¿Qué ganas?
   -Dinero, reputación, extender mi vida unos meses más, quizá pudieron ser años.
   -¿Extender tu vida? ¿Pretendías comerme?
   -Figurativamente, pues atraparte o no hubiera cambiado el hecho de que me mataran o no.
   Las palabras del hombre se tornaban cada vez más reflexivas, no se explicaba si el ensimismamiento se le venía por una inminente pérdida de conocimiento o por una extraña sensación de familiaridad que sentía debido a la voz cada vez menos agresiva de su invisible compañía.
   -Seré yo quien te mate.
   -En retrospectiva, una muerte a manos tuyas es la mejor muerte a la que puedo aspirar pues eres lo más hermoso que he visto en toda mi vida.- Las palabras de Sergei se diluyen en un tono de dolor tanto emocional como físico mientras queda inconsciente otra vez.

   Dos soldados claramente de alto rango critican y vociferan sobre el fracaso de la operación de Sergei, discuten acaloradamente ponerle fin a su corta misión y de paso a su vida debido a la pérdida de una docena de soldados.
   -¡¿Y usted ileso?! Mis hombres valen mucho más que usted porque tienen el valor de morir por la Madre Patria y...-
   -Y simplemente ellos no la pueden encontrar, en meses no dieron con la creatura, yo lo logré en una semana, si yo hubiera muerto no la volverían a ver.
   -Eso queda por verse Sergei, puede que lo estén protegiendo esta vez, pero de cometer otro error así seré yo mismo quien arregle las cosas.- Gruñe el soldado mientras acaricia la pistola en su cinturón.
   -La encontraré de nuevo, pero para su beneplácito, mande también a sus mejores hombres, aquellos que crea capaces de hacer mi trabajo y si la encuentran antes que yo con gusto vendré a que me dispare, de lo contrario Mayor, le exigiré que me ceda los derechos para decidir sobre la vida de sus tropas.
   La actitud desafiante del detective estaba justificada en su extenso currículum participando en la captura de criminales y desertores de la guerra que el ejercito mismo no había podido atrapar además estaba dispuesto a jugarse la vida puesto que tras ver de lo que era capaz la creatura había desarrollado una inmediata fascinación por ella, quería ver más, quería probar las capacidades del ser, quería vencer a una creatura que parecía invencible.
   Los encuentros se repitieron, en cada uno aprendió detalles del comportamiento de su objetivo, cada vez que descubría de aquella una nueva capacidad se llenaba de emoción pues sentía acercarse a descubrir sus debilidades, verla se había convertido en un juego de para él, pues se acercaba cuanto podía, se refugiaba bajo cuerpos de soldados caídos para mirar más de cerca a la que ahora apodaban La Mantícora.
   Sergei sabía perfectamente que ya era presa de una obsesión que sin embargo ocultaba de los soldados. La información, las borrosas fotografías, los textos anecdóticos, todo lo repasaba por las noches buscando detalles nuevos, formulando teorías, incluso trató de descifrar los avanzados textos de Yuri Tereshkova recuperados del laboratorio que había dado a luz a semejante maravilla; una maravilla que él debía apreciar en silencio al mismo tiempo que desafiándola
   Una ocasión, recién concluido un encuentro con la creatura el detective rondaba la zona de conflicto, varios soldados muertos rodeaban el lugar, una visión que ya se le había hecho costumbre, sin embargo un sobreviviente llamó su atención, un joven cadete que parecía estar ileso sentado a cubierto en la llanta de un vehículo murmurando frases rotas.
   -Soldado, qué afortunado es.
   -La Mantícora, es.. ...esa abominación...-El gesto del joven estaba por completo descompuesto, su mirada perdida en el horizonte, sostenía apretadamente un rifle que claramente ya no tenía balas puesto que se le veía jalar el gatillo una y otra vez sin detonación alguna.
   -Si, esa cosa es aterradora.-Dice Sergei mientras comienza a despacharse un cigarrillo. -Les tomará al menos media hora mandar apoyo, mientras trate de calmarse para dar su versión de los hechos.
   -Es humana... ...La Mantícora, es humana, habla, le habló a Piotr...yo estaba...
Interrumpiendo sus acciones Sergei le dirige una severa mirada a su interlocutor quien continua delirante y con la vista en el horizonte.
   -Cadete, claramente le han dicho a usted que esa cosa no es humana, que no habla ni interactua con los humanos. Solamente mata, de acuerdo a lo que sus superiores específicamente le han dicho a usted y a todos nosotros esa cosa no piensa, más vale que omita eso en su informe o se arriesga a ser acusado de locura.
   -¡Habla!...la maldita creatura es inteligente, justo antes de matarlo dijo a Piotr que se había buscado su final por seguirla y que...
   Sin mayor advertencia el hombre en pié saca su pistola y ejecuta al soldado para luego acomodar el cadáver en posición tal que luciera como un suicidio.
   -Como le decía esos datos va a tener que omitirlos de su informe cadete, usted como todos simplemente está aquí para dispararle a un animal, yo soy el único que puede hablar con ella, porque yo la entiendo, y ustedes no, yo sé qué es y ustedes no.... Y más me vale que siga siendo así.

    Una bofetada despierta a Sergei quien aún resiente los golpes en su cuerpo pero parece tener mayor movilidad; la recluida oscuridad de antes había cambiado por la oscuridad de la noche en la que la Luna iluminaba fuertemente, a penas se incorpora el hombre mira a unos metros de si a la creatura recostada en el tronco de un árbol; el dolor que había rescindido era remplazado por el violento frío.
   -Creí que me ibas a matar.
   -Si lo haré, pero aún no terminan mis preguntas. ¿Cuántos humanos hay capaces de rastrearme como tú?.
   -Eres puros negocios, ¿verdad?
   -Responde mi pregunta.
   -Nadie, solamente yo puedo.
   -¿Cómo estás tan seguro?
   -Nadie de quienes te persiguen es capaz, yo lo soy porque te entiendo, sé cosas de ti que ellos no, te conozco desde que estabas desorientada y eras tímida.
   -¡¿Qué quiere decir eso?! ¿Estabas en Valhalla?.- Exclama LIINHHN-i saltando de su reposo a una postura defensiva.
   -Años persiguiéndote, y ellos nunca me dijeron el nombre de la base. Es irónico que me entere de información clasificada directamente de ti aunque se entiende porque hiciste bien tu trabajo, no dejaste ni un testigo, incluso creo que deliberadamente destruiste parte del laboratorio. Todo lo que realmente sé de ti es porque lo he visto, he estado allí en cada ocasión, tras de ti, siempre cerca, desde que jugabas a ser una niña en la nieve hasta ahora que invertiste los papeles.
   -¿Invertir los papeles?
   -Si, yo creía que te estaba cazando a ti, y resulta que ahora yo soy tu merienda, y sé muy bien que sin mi ellos no nos van a encontrar. Estoy completamente jodido. Así que relájate chica Mantícora y disfruta de torturarme antes de que el frío abrazo de mi amada Siberia me mate antes que tú.
   -Te regresaré a la cueva entonces.
   -No lo hagas, ahí no puedo verte.
   -No lo entiendo, ¿cómo es que verme te va a mantener vivo a pesar del frío?
   -A veces los humanos para mantenernos vivos necesitamos cosas que nos matan.
   -Eso es estúpido.- Concluye la joven arrastrando al hombre hacia la aledaña guarida a lo que el hombre ofrece poca e inútil resistencia.
   Una vez dentro de su refugio:
   -Ya puedo caminar no tienes qué hacer eso de nuevo.
   -¿Qué es Mantícora?
   -Un ser mitológico, una creatura que devora humanos.
   -Yo no me los como, son asquerosos. Comería cualquier otra cosa antes que humano.
   -Si, a veces lo somos.- Concluye el hombre al tiempo que se pone en pié y descaradamente sale a buscar nieve que derrite y bebe.


   Sentados en un improvisado puesto de vigilancia dos soldados miran temerosamente en la distancia; recién les informaron La Mantícora había sido vista en dirección al pequeño poblado a sus espaldas.
Los relatos de la creatura basados en los escasos sobrevivientes ya permeaban en todos los batallones de la región, aunque disparatados y hasta fantasiosos se cristalizaban de manera muy tangible en los cuerpos dejados trás los encuentros, despojos y pulpas de carne más allá de lo que se reconoce como un ser humano lo que estaba incluso causando intentos de decersión por el miedo que algunos sentían tras mirar evidencias o escuchar de fidedignos testigos cuentos sobre un demoniaco ser imposible sediento de sangre e inmune a las balas de más alto calibre.
   Tal era el caso de los dos soldados que a penas minutos antes habían sido llevados ante un amigo muto de otro pelotón que hubiera llegado al hospital del pueblo como único sobreviviente a un intento de atacar al ser; él les había narrado con voz sollozante los horrores que había visto. La pareja de sardos guardaba un sepulcral silencio debido a que se sentían ambos incapaces de criticar u opinar de lo que su amigo de infancia les había narrado, trataban incluso de evitar mirarse mutuamente por largos minutos que fueron interrumpidos cuando en la distancia se vio una silueta caminando sobre una carretera casi tangente al poblado que defendían, el corazón les dio un vuelco, imaginaban al ejercito de bestias que su amigo les había descrito desbordar justo detrás de aquella distante figura.
   -Es...es solamente una mujer...
   El radio ante ellos comienza a transmitir las agitadas órdenes de su superior.
   -¡La Matícora se aproxima!, ¡Alisten armas!
   Ambos apuntan mecánicamente sus rifles hacia el frente esperando ver aquella horrible creatura, incluso intercambian comentarios de preocupación por la indefensa chica allá afuera.
   La radio vuelve a sonar, la voz que inicia les es desconocida, pero obviamente discute con sus superiores con el micrófono accidentalmente abierto.
   -Atención a todas las unidades, ignoren la orden anterior, no se abrirá fuego sobre la creatura.
   -¡Sergei! ¡Usted no tiene jurisdicción aquí yo soy quien da las ordenes!
  -Ahora si tengo, mire usted el telegrama recién llegado, soy responsable de todos los efectivos de la zona mientras estén en posibilidad de capturar a la creatura.
   El radio se silencia dejando a los dos soldados confundidos en un tenor casi cómico que les da un respiro de su temor aparentemente infundado.
   -Atención todas las unidades, aguarden por nuevas órdenes.- Dicta su superior en tono de frustración y la radio se silencia definitivamente.
   La joven que caminaba por la carretera se encontraba ya cerca de cruzar por el punto más cercano al pueblo cuando un hombre de gabardina se introduce en el puesto de vigilancia al lado de ambos pero sin acercarse a la ventana de observación atrayendo de inmediato su atención y las miras de sus rifles.
   -Calma señores, no hagan alboroto, soy Sergei Okhotnikov, y estoy a cargo de la operación para capturar a esa creatura.- Explica señalando a la paseante del exterior.
   -Usted no tiene...
   -Silencio...- Interrumpe el investigador muy quedamente y continúa. -Hay un hombre en el hospital allá atraás que solamente perdió un poco la cordura y no la vida gracias a que escuchó mis consejos, si quieren discutirlo con él adelante.
   Ambos soldados quedaron petrificados, sabían exactamente a quién se refería, por lo que ambos acatan permanecer en silencio y dirigen una desconcertada mirada a la caminante.
   -Con naturalidad comiencen a platicar, en volumen normal, lo que sea, y dejen lentamente de mirarla. Si sale de la carretera en esta dirección díganlo fuerte y claro.- Instruye el recién llegado al tiempo que abre el micrófono de la radio del puesto.
   Desconcertados acatan torpemente improvisando una conversación repetitiva dando evidentes miradas al exterior.
   La joven del exterior se detiene y mira hacia el pueblo, sienten un escalofrío que no pueden explicar sino por la fuerte sugestión, el instante les parece eterno, sin embargo cesa cuando ella reanuda su camino sin dirigirse al pueblo.
   -Le acabo de salvar la vida a todo tu batallón camarada, espero lo sepas apreciar. Igualmente voy a necesitar dos vehículos y a quince de tus hombres para seguir a la creatura.
   La transmisión de tal mensaje hace estremecer a muchos soldados en otros puestos, pero los dos centinelas se sienten engañados.
   -¿Qué ha sido eso? ¿Una broma?- Comenta uno de ellos enfurecido.
   -No, un simulacro; si las muchachas indefensas no te dan miedo puedes unirte al equipo que irá conmigo a perseguir a la verdadera.
   Regresando a la cueva para resguardarse del frío Sergei busca a tientas acomodarse cuan profundo le permitía la escasa luz de Luna que se filtraba al interior.
   -Debiste huir.
   -¿Lo ibas a permitir?
   -No me importa mucho en realidad, si me ofrecí a matarte es por gusto.
   -Vaya. ¿Has aprendido a matar por gusto como nosotros?
   Un fuerte he inamovible agarre por el cuello hace a Sergei callar y preocuparse por una posible asfixia inminente.
   -¡Yo no soy como ustedes! ¡Les estoy tratando como lo merecen asquerosas creaturas!
   -Está bien...lo sé...- A penas articula el sujeto. -Tú eres muy diferente.
  -¡¿A cuańtos otros animales has cazado como lo intentaste conmigo?!, ¡¿A cuántos has matado sin razón?!
   -Ninguno...yo cazo humanos...no animales.
   El hombre es liberado y de inmediato aprovecha para retomar aire al tiempo que se lleva una mano al cuello como intentando aliviar el dolor.
   -¿Qué haces tras de mi entonces?
   -Tú...- Comienza el otro aún con dificultad. -Tú eres completamente diferente a todo, sé que somos inferiores a ti, ellos creen...yo también creí que podía vencerte en inteligencia pero...¿Fingiste verdad?     Sabías que iba tras de ti, fingiste esa caida del árbol, fingiste...
   -¡Fingí no mirarte cuando te enterraste en la nieve! porque creí que eras parte de la familia de aquella cabaña, porque no disparaste.
   El detective siente como si el peso del mundo le cayese sobre los hombros, sus movimientos se acartonan, sus ojos van de un lado a otro como buscando en sus recuerdos la mirada que le describían, pero nada viene a su mente.
   -Yo...fui la presa todo el tiempo.
   -Al menos desde que me di cuenta de que tú eras quien me encontraba, creí que eras otro, tenía que estar segura de que no era así, que no había más de mi.
  -Tú...-La voz del hombre permanece titubeante y queda, todo su aplomo y seguridad de antes había desaparecido por completo. -Eres...tú ganas...mátame ya.
  -No, dime todo lo que sabes del laboratorio, ¿qué saben ellos? Me vas a ayudar a desaparecer por completo y podrás vivir.