28 oct. 2017

Capítulo ?: NYSM

Capítulo ?: NYSM

Restaurado Imperio Diplomático Méxcio-Tenochtitlan, Distrito Federal
(99.28ºO, 19.34ºN)
15:35 - 24/nov/2010

    Fiorella maneja hacia su escuela en un estado reflexivo; las preguntas de su extraña huesped no dejaban de darle vueltas en la mente; el discurso detrás de ellas, la lógica requerida para llegar a las conclusiones era poderosa e infalible; la perspectiva con que Lin miraba el mundo escapaba aún de la comprensión de la joven ingeniera quien ponía todo su empeño en redactar respuestas válidas en defensa de la humanidad.
    -Y yo que siempre me he quejado de nosotros los humanos, ¿ahora estoy defendiendo nuestros usos y costumbres? ¿Cómo se supone que haré eso? ¿Por qué quiero hacerlo?... ...¿Quiero hacerlo?
    La joven estudiante de ingeniería prestaba atención mecánica a sus labores en tanto su mente intentaba descifrar las reglas de un juego que parecía haber podido costarle la vida más de una vez y que, muy a pesar de lo intrigada y emocionada que estaba por jugarlo, representaba un desafio a sus ideales e inteligencia que no podría igualar nunca en la vida. -Es tan frágil, puede desaparecer como llegó, y nada puedo hacer. ¿o si?
    La interacción con Marie en alguna de sus clases siempre lograba levantarle el ánimo y distraerle de los a veces oscuros rincones de su pensamiento, sin embargo aquel alivio era temporal, como aquél que Isis también sabía darle.
    -¿Qué te pasa Fio? Estás como ida. ¿Tienes algún problema?
    -No es nada Marie, meramente estoy pensando en cómo arreglar el mundo como siempre.
    -Entonces cada vez estás peor de loca amiga, porque es la primera vez que tu filosofía te deja una mancha de salsa en la blusa.
    -¡¿Qué?!- Se pregunta la aludida con un pequeño sobresalto pues ciertamente se había ensimismado al punto de dejar caer un bocado de comida de su prolongadamente estático tenedor. La mancha verdosa sobre su brillante amarilla blusa no era del tipo que pasara desapercibida, por lo que tras fallar en limpiarla con una servilleta su lenguaje corporal la delata buscando otras soluciones de manera casi cómica.
    -En serio te pasa algo, llevas una camisola en la cintura tontita, manera en la que has vestido desde que te conozco.- La francesa continua en su tono gentil voz con una sonrisa amable pero una clara mirada de preocupación. -¿Tu familia?
    Fiorella cruza y fija su mirada en la de su amiga, se sabe acorralada.
    Los años de su amistad no habían pasado en vano pues conocían mutuamente la mayor parte de las dificultades en la vida de la otra, sus expresiones, sus ideales y hasta sus miedos.
    La joven aspirante a economista admiraba el temple de la desaliñada y aveces hasta varonil estudiante de ingeniería puesto que parecía que nunca nada la sacaba de quicio, la asustaba o la deprimía, excepto claro la disfuncional relación con su familia más cercana, principalmente su madre; pues solamente en situaciones que la involucraban a sus parientes la había visto flaquear y titubear.
    Fio sabía que era demasiado tarde para una mentira a medias, si su mejor amiga le había mencionado el tema de su vida que se acercara más a ser un tabú es que sus pensamientos habían escapado ya de contención.
    -No, no es sobre ellos, es un asunto completamente distinto en realidad...-Expresa la chica de anteojos mientras se coloca la camisola y deja caer sus hombros. -Sin embargo, no sé cómo...
    -¿Isis está involucrada?
    -No, no ella...- Hace una pausa al mirar la creciente preocupación de su amiga. -Con ella todo bien, de verdad, estamos muy bien, es muy divertido tenerla de roomie. Así que no te preocupes, no es algo grave y disculpa que te asuste. Estoy bien.
    -Sabes que cuentas conmigo, para lo que sea que pueda ayudarte, no dudo que seas muy capaz e resolver todo tú sola, pero a veces el resultado es mejor o menos desgastante si se hace con ayuda.
    Aquellas últimas palabras eran una cita de algo que la propia Fiorella le hubiera dicho a su amiga alguna vez años atrás por lo que le caen con un sabor agridulce que sin embargo le reafirma por completo su amistad.
    Dirigiendo con cierto alivio una sincera sonrisa, Fio le toma la mano a Marie por sobre la mesa y le agradece sus palabras para luego reanudar su comida con charlas mucho más frívolas que concluyen en un plan para salir juntas el fin de semana.
    Horas más tarde camino a casa la joven conduce precavidamente para poder así dirigirse un monólogo que se extiende cuanto el tráfico le permite.
    -Marie e Isis son extrovertidas, piensan poco antes de decir las cosas, simplemente las dicen, obedecen sin embargo reglas básicas de convivencia para evitar lastimar u ofender, son divertidas, son... naturales. ¡Esa es la diferencia!- Dice en crescendo para si la joven conductora mientras recorre su habitual camino a casa -Fio, Fio, cuadras demasiado tus palabras a lo que crees que te van a responder, siempre intentas adelantarte a las respuestas, eso no va a funcionar con ella, no le vas a ganar, no la entiendes- Continúa esta vez disminuyendo su volumen y su emoción. -No la entiendes...

    Dolor, mareo, hambre, sed, frío, el cuerpo de Sergei no hace más que darle malas noticias su mente se encuentra devastada al saber que su presa en realidad nunca lo fue, sus condecoraciones y logros parecen derrumbarseante su mirada en el negro vacío de la cueva en que La Mantícora parecía mantenerlo cautivo , se trata de refugiar en sus hazañas del pasado, busca incluso creer que la creatura le miente, quiere despertar repentinamente creyendo aquello era solamente un sueño causado por su autoinflingida odalía, que la falta de sueño y su obsesión eran la causa, lo deseaba al punto de murmurarse a ratos “despierta”, pero no era así, el gélido abrazo del viento de Siberia le recordaba la realidad, la ausencia total de sonidos en la cueva no le podía garantizar la creatura no estuviese allí, observándolo, sin embargo se sentía idiota para si quiera reanudar la conversación con ella, las últimas palabras que había pronunciado le habían caído como un peso inamovible que lo clavaba en el suelo y le sellaba los labios, finalmente logra escupir quedamente palabras que le pesan, que se arrastran sobre su cuerpo aumentando el ficticio peso.
    -No te entiendo, creí que lo hacía…
    -¿Para qué quieres hacerlo?
    -No lo sé, porque te admiro, porque eres imposible, porque tú… eres… tú.
    Un silencio se prolonga entre ambos mientras él ignora por completo la causa y la oscuridad no hace más que añadir incertidumbre.
Sin ruido alguno de la cueva emerge Linhhn-i, su mirada dubitativa, la luz de la Luna baña su desnuda silueta decorada por emergentes plumas azules que resplandecen bajo sus brazos y en una larga cola, sus músculos adelgazan volviéndose delgados como si hubiera a penas hueso bajo su piel mientras las plumas crecen alcanzando gran longitud y su color se oscurece hasta que el azul se convierte en un reflejo sobre una superficie prácticamente negra, su rostro se estrecha y su cráneo se alarga de a poco, su antes humanamente escultural torso se reduce a un visible costillar carente de senos.
    En el interior de la cueva Sergei el extenuante silencio se rompe con un silbido grave y potente que se hace acompañar por una ráfaga de helado viento, ya por curiosidad, o por instinto él sigue a gatas y tientas el origen del viento consiguiendo así salir, lo recibe el paisaje desolado de la tundra y el silencio sepulcral del mismo, no hay rastro de la creatura, por un momento se siente tentado a llamarla de un grito, pero se percata que no sabe qué palabra usar puesto que ella no tiene nombre, repara en gritar por auxilio también temiendo la ira de La Matícora.

    Llegar a casa le ofrece poca tregua a sus pensamientos, Fiorella sube las escaleras como si cada peldaño simbolizara una pregunta sin respuesta, la rítmica y alegre música proveniente del cuarto de su compañera es una distracción que no se puede permitir, avanza con pesadez hasta su recámara donde deja caer su mochila con a penas el menor cuidado que la computadora en su interior requiere para luego desplomarse bocabajo sobre la cama, suspira fuerte contra las telas que le responden calentándose sobre su rostro, pasa casi una hora antes de que dé nuevamente señal de vida. Como propulsada por un resorte salta y corre a su escritorio a encender la computadora allí, sus manos ágiles teclean una lluvia de caracteres que tras unos minutos la dejan pasmada ante el hipnótico parpadeo del cursor al final del texto:

    “Conocí a un extraterrestre, él es sabio, astuto, muy inteligente y aprende muy rápido, ¿Cómo le explicaré el mundo, las costumbres, defectos y virtudes de la humanidad? ¿Cómo hago que se interese por saber más? ¿Cómo hago para mantenerlo interesado en...”

    -Mi charla…- Tras un largo momento de contemplación borra el texto, comienza de nuevo.

    “Si ustedes conocieran a un extraterrestre que saben es mucho más inteligente y sabio que un humano, ¿qué le preguntarían?, ¿de qué charlarían con él?”

    Ágilmente vuelve a borrar.

    “¿Qué le dirían a dios si les preguntara sobre la humanidad? ¿es buena, es mala...”

    El silencio vuelve por un momento más, esta vez también con la intención de borrar el dedo de Fiorella se queda suspendido sobre la tecla.
    -No, no no...¡ah!- Refunfuña frustrada dejando caer el índice sobre la tecla de borrar hasta acabar de nuevo con una caja de comentarios vacía y ese tintineante cursor que ella siente como un desafío. -Fiorella, es tu problema, no el de Internet, eres tú quien quiere que se quede porque eres una egoísta acaparadora...-

    “...egocéntrica, maniática del control e insegura de si misma que no sabe cómo hacer amigos y quieres hacerte amiga de la persona más imposible del mundo para tener una pinche amistad porque básicamente es dios y su existencia es imposible y tú eres aburrida, común, normal y lo mejor que podrías hacer es simplemente resignarte a que eso no va a cambiar y tu vida va a seguir con o sin LIN!!!!!!!!!!!!!!!11!!!!!!!!!!!111111 fdgksfgjádi+açf”

    Abatida por el peso de su propio monólogo convertido al vuelo en un texto se levanta de su silla para mirar por la ventana, un instante más tarde entra su compañera de casa alegremente.
    -¡Vamos a cenar!
    -Hola Isis, ¿Qué plan tienes?- Contesta la joven que miraba perdídamente el horizonte.
    -Quiero unos tacos de los de la casa azul- Dice quien irrumpiera mientras merodea a espaldas de su interlocutora llegando hasta sentarse ante la computadora. -”...eres una maniática del...”- Lee las letras de la pantalla lo que alarma y hace a Fio reaccionar de inmediato para correr a apagar el monitor.
    -¡No leas!
    -Perdón, no sabía que tenías tu diario “nerd” en tu computadora- Contesta la rubia sin dar mayor importancia. - ¿Tacos?
    -Vamos por tus pinches tacos.- Replica Fio aliviando de a poco el sobresalto.
    -Tú pagas por decir groserías en este hogar de buenas costumbres.- Isis se levanta alegremente y con aire triunfal.

    Sergei calculaba por cuanto la Luna se había movido que llevaba casi una hora tendido a la entrada de la cueva cuando la silueta alada y esquelética de su captora desciende ante él cargando con las garras de los que fueran sus pies una canasta con papas y pan así como un rollo de cobijas.
    -¿Qué necesitas para encender fuego?- Dice casi imperativa la creatura de inhumana apariencia.
    -Madera...seca…-Titubea él.
    Sin decir otra palabra la aviar presencia deja su carga y alza el vuelo de nuevo.
Reparando por un instante como si hubiera querido decir más el hombre se apresura a tomar las cobijas y la canasta para luego entrar a la cueva unos pasos adentro, donde ya no había nieve; se envuelve en las cobijas mientras da mordidas a una hogaza de pan, “un dolor menos” piensa para sí.
    Al cabo de un rato la silueta de “La Mantícora” aparece en la entrada de la cueva otra vez, el único espectador presta gran atención a los detalles, la silueta aviar cambia de vuelta a la de una joven mujer, el brillante contorno bañado por la Luna hace que aquello luzca mágico para él, un hombre que se jacta de vivir puramente de la razón y la lógica se descubre a si mismo sintiendo una presencia divina e imposible ante si.
    -Seguramente así es como luce dios- Dice quedamente mientras el sonido huevo de algunas rmas y finos troncos al caer resuenan en los muros de piedra.
    Los minutos que le toma a Sergei encender el fuego se diluyen poco a poco en las horas de silencio que le siguen, ella contempla sin gesto alguno cada acción, él hace lo posible por evitar devolver la mirada.
    -El humo hará que alguien venga…
    -Es probable, pero no buscando a “La Mantícora” porque yo no uso fuego, te buscarán a ti y les dirás que he muerto que me mataste.
    -¿Qué?, No hay manera en que ellos crean eso.- El hombre toma otro pan, la joven, una papa.
    -Tienes que convencerlos, quiero que dejen de perseguirme para siempre y ahora sé que la única manera es que me crean muerta, así que puedes hacer lo que te digo.- Sin pausar la voz femenina cambia para imitar perfectamente la de Sergei -...o simplemente voy a hacerme pasar por ti luego de pulverizar hasta el último de tus huesos para que no puedan encontrarte a ti.
    -¿Por qué no lo hiciste así antes? Te he visto cambiar antes pero nunca dejas de ser…
    -¡Porque detesto ser humana!- Interrumpe ella con su propia voz. -Lucir humana, darle importancia a los humanos, convivir con ustedes me repugna. Yo soy yo.
    Un silencio ocurre, la mirada de la mujer salta entre enojo y reflexión, escucha en su mente una y otra vez las palabras de aquél a quién llamó “padre” como en otras ocasiones, “Tú eres tú”, pero en esta ocasión la cálida voz de Fermín se alternaba con la delirante y tenue voz de un Sergei al borde del desmayo. Sabía que no había similitud, que los individuos no podían ser más diferentes pero también sabía con seguridad que ambas ocasiones se trataba de palabras honestas llenas de sentimientos complejos, sus agudos sentidos y su privilegiada memoria le recordaban a detalle los aromas, sonidos y los más tenues gestos de cada uno de esos momentos, los años de escuchar a sus padres mentir ante otros y serle honestos a ella la habían entrenado para distinguir más allá de las palabras las intenciones de los humanos. Se levanta y sale a la nieve, camina, mira la Luna, mira los árboles y aguza el oído vigilando los alrededores, pero nada la aleja de ese pensamiento positivo sobre los humanos que tanto desprecia.
    Ágil y silenciosa Lin salta por los tejados siguiendo y escuchando a Fiorella e Isis quienes a píe van en busca de la cena, su conversación mundana sobre sus actividades del día, la larga lista de pretendientes de la rubia y la corta lista de amigos de la ingeniera, nada de particular interés para la oculta observadora, al menos no en sus palabras, eran las reacciones en sus cuerpos lo que ella buscaba, entender el lenguaje humano más allá de las letras, ese que ni ellos mismos conocen pero que para ella representaba la única honestidad que aquellas creaturas podían ofrecer.
    Las imposibles acrobacias de la espía terminan en el techo de una casa de tres pisos desde donde observa a las dos jóvenes llegar a un bullicioso local de comida a pié de calle frente a su puesto vigía, aromas de aceite, carne, basura, sudores, especias y tantos más llenan su nariz, no le es nuevo pero una mueca denota que tampoco le es grato, luego su atención se alterna entre sus objetivos y los otros comensales de quienes analiza cuanto puede, ninguno luce peligroso o violento, en ese momento al menos, no hay rastro de esa crueldad inherente pues a pesar de que la carne que comen es de un animal que sufrió en vida, parecen simplemente ignorarlo, no pasa por sus mentes.
    -Quizá no son solamente malignos, más bien son casi siempre tontos.- Se dice a si misma.
    La valerosa joven que había defendido a un gato sin saber que arriesgaba la vida era una más en la multitud, nada la hacía extraordinaria en aquel momento ante el juicio de LINHHN-i.
    Un par de horas más tarde de vuelta en su casa Fiorella e Isis comienzan sus rutinas previas al sueño en sus respectivas habitaciones sin saberse bajo escrutinio, la ansiedad de la primera el mayor interés.
Desde el tejado, recostada mirando el cielo como en otras ocasiones, Lin cuenta las pausas largas en el movimiento y los suspiros de la humana con quien había decidido abrirse, le escuchaba arrastrar los pies y economizar los parpadeos, su manos inquietas rascando y rozando sus cabello, su rostro quizá, entre si, las almohadas; su cuerpo cambiando de posición una y otra vez; espera eventualmente poder entenderla a través de esa honestidad biológica.
    Por la mañana Fiorella se sale en su regular itinerario, pero se detiene a penas cierra tras de si la puerta pues en las escaleras de salida mira a Lin sentada siete escalones abajo mirando en la dirección opuesta pero claramente esperando a su anfitriona; titubeando continúa su camino.
    Seis escalones, “¿Cómo la saludo?”, la joven de gafas mira a la otra quien ni se inmuta; cinco escalones, “¿Será que...?, no, seguro que sabe que estoy bajando, no seas tonta”, instintivamente revisa llevar su celular y llaves del auto; cuatro escalones, “¿Me pedirá que falte el día de hoy? ¿querrá hablar?”, percatándose de que está bajando despacio acelera un poco sus pasos; tres escalones, “¿Habrá ocurrido algo?, ajá, y necesita tu ayuda, ingenua”; dos escalones.
    -Hola Fio.
    -Hola.
    Un escalón, “Viene a despedirse...se acabó, fallé”.
    En un movimiento preciso, a los ojos de la espectadora parece incluso ensayado, la mujer de negra cabellera enmarañada se levanta, acto seguido dirige la mirada atrás para cruzarla con la otra presente.

    En el mismo escalón se miran dos personas, una con miedo al rechazo inminente, la otra con un gesto que toma por sorpresa a la primera, una cálida sonrisa franca, simple, amistosa, “¿Te quedarás?”, se pregunta Fio en un instante en que no entiende nada, de esos que se han hecho constantes desde la aparición de la misteriosa fugitiva imposible.

1 dic. 2016

Mis amantes, los dioses.


    "La mañana me trae como regalo los primeros rayos del sol que cálidos se sienten como besos que nacen, danzan y se disipan, primero sobre mis descubiertos hombros, luego se abren camino con tibiamente a través de las delgadas sábanas de blanco satín que me abrazan. Cedo. De a poco descubro mi cuerpo para recibir en él el regalo de este amanecer en que pertenezco a la brisa. Mientras Hermes me besa el cuerpo Eolo me regala el perfume de húmedas hierbas y tierra que cerca están de ocultar el aroma de las rosas en mi ventana. Sigo deslizando las sábanas poco a poco, moviéndome cuan suave y lento puedo hacerlo puesto que no quiero ahuyentar los brazos de mis dos divinos amantes aún, quiero me crean indefensa y aún dormida.

     La tela fluye como un riachuelo descubriendo mi pecho, mi vientre, mi cadera, hasta ahí alcanzan mis brazos, ahora los rayos del sol pueden tocar mis brazos, mi cuello, solamente la seda de mi blusa les oculta parte de mi, pero no mucha puesto que el escote a penas salva la más sensible de mi piel, descubre mis clavículas y llega a la mitad entre mis senos que se sonrojan sensibles ante la luz que los acaricia, debajo, la frontera de la mentada prenda descansa dividiendo mi vientre justo sobre el centro de mi, su delicado peso y paño separan los dedo cálidos del sol que revolotean por mi abdomen de los meros murmullos tibios que la seda deja pasar sobre mis ocultas costillas.

     Ya asoma de las huidizas sábanas una de las prendas que resguarda mi intimidad, seda del mismo paño que mi blusa, un aperlado color champaña, los pliegues del elástico que la ciñen apenas bajo mi cintura destellan al azar con el característico brillo de esta tela tan mía. El brillante sol no me deja mentir, la otra prenda debajo luce a penas como un espíritu color plata que falla intentando ocultarse bajo la leve y difusa  transparencia de la seda. Hermes me mira. Yo sigo fingiendo cuanto puedo que duermo, pero la seducción de los tibios besos de luz y las frescas caricias del viento tienen mis nervios alerta, despiertos, se sienten como si se abrieran paso unos con otros para llegar a flor de piel, y allí ansiosos quisieran brotar como césped, pero no es así, pues el fin vello que me cubre ya cumple esa misión, se ondea en el vaivén del viento mientras comparte su alegría con la piel, no puedo evitarlo, se eriza a ratos, cede, vuelve. Lucho por mantenerme inmóvil, ojos cerrados, labios entreabiertos que desean morderse, cabello que cae como enredaderas por doquier, que con sutiles roces me recuerda su existencia como si soñara por si miso ser la corona de una gorgona.

     Serán mis piernas entonces las que continuen el trabajo de mis brazos y me dejen descubrir mi cuerpo entero sigilosamente. Despacio, grácil, asciende una, desciende la otra, soy como un grillo haciendo silenciosa música con notas de roces entre mi piel y el satín. Para este momento mi respiración temo me traicione, pues deja de a poco la calma y se enciende en una escalada cuya cúspide conozco, pero la controlo aún, espero, pues sé sin mirar que la media luna que es contorno de mi busto oscila ya creciente y menguante.

     Minutos se sienten como horas mientras hago consciente cada sensación en mi cuerpo, piel, tela, sol y viento, mi corazón que rápido palpita, mi respirar hondo pero silencioso, mi lenta pero firme danza para descubrirme de cuerpo entero, todo cruza por mi mente que teje esta mañana en una experiencia como ninguna antes, tan simple, tan compleja. La sábana ha corrido hasta mis rodillas.

     El corte del short, a medio camino de ser una falda. La prenda se aferra a mi por arriba y se holga sobradamente para dar paso a mis piernas, a penas un delgado corte de tela cruza entre ellas de adelante atrás, impredecible y siempre asimétrica se acomoda sobre cada pantorrilla, incluso en una aún más arriba, lo sé  porque el Hermes no pierde tiempo y recorre toda la piel desnuda que encuentra, mientras Eolo busca los requisios entre los pliegues de la volátil tela y acaricia debajo de ella topándose incluso con el color plata debajo, lo siento, su ligera caricia me estremece un poco. Resisto aún.

    La sábana ha llegado al final de su camino, se envuelve en sí misma a mis piés, mismos que la acarician, lentamente, en agradecimiento a su dócil flujo, el sol se apresura sobre mis empeines dejando a mis frías plantas celosas del calor hasta que la brisa cosquillea en ellas como reconfortándolas, mis dos dioses amantes parecen ya tomarse de la mano pues la brisa es tibia, y los rayos solares abrasan con menor fuerza. Ambos se miran uno a otro, sobre mi, sin palabras acuerdan seguir llevándome hacía el más dulce de los éxtasis: el de estar con vida."







    Resulta que ese es un texto que pretendo forme parte del diario de una chica que asciende del pudor enfermizo a la realización y libertad como un ser humano completo que acepta, desata, enfrenta y logra domar sus emociones más íntimas y poderosas, un acenso en el que ella pasa de ser una participante en su vida, a la absoluta autora. Agregando así un proyecto más a la lista de "to-do". Es posible que esté directamente relacionado a una novela y no sea una isla.



22 ene. 2016

Capítulo ?: Amar te duele



Ak dovurak, Rusia
(90.55ºE, 51.17ºN)
22:30 - 08/sep/1979

    Un apacible y silencioso pueblo se estremece con múltiples detonaciones de rifles de alto calibre, el eco recorre las contadas calles yendo de un lado a otro entre muros de piedra y ladrillo llegando hasta los árboles del bosque circundante haciendo que algunas aves levanten el vuelo desde las copas.
    Ante los incrédulos ojos de Sergei y desde lo alto de un árbol, cae Linhhn-i tras recibir al menos tres disparos de casi una veintena de intentos casi simultáneos, aparentemente inerte debido a la torpe postura con que se aproximaba al suelo colisiona incluso con algunas ramas que relentizan su precipitación. La reacción del hombre es cuan rápida le permite su cuerpo, pues sale de su resguardo dando una brusca orden por radio al tiempo que se apresta una pistola y aproxima al siguiente árbol cubriéndose tras él por a penas un instante antes de ir al siguiente., sin embargo en un parpadeo la creatura cambia su postura a centímetros del suelo para colocarse en cuatro patas como acechándole pues clava en él su mirada tan rápido que lo congela de temor y a penas medio cunbierto tras el segundo árbol.
    -Tú otra vez, ¡¿Cómo me encontraron?!- Habla entre rugidos La Mantícora causando que Sergei no pueda hacer más que tragar saliva mientras tira su arma al suelo incapaz de articular palabras o de si quiera hacerse obedecer por su cuerpo. -¡Responde creatura despreciable!, ahora sé que eres tú quién los guía- Continúa severamente aquél imponente ser que a paso lento se aproxima cambiando al paso su anatomía humana para transformarla en aquella que le hubiese ganado el apodo.
    En la distancia ya se escuchaban vehículos en movilización, algunos disparos más llueven sobre el ser homínido quien claramente recibe algunos en el cuerpo sin si quiera parpadear o cambiar la velocidad de su avance.
   -¿Creías que me cazabas?- El rostro, ya distante del de una joven humana, de la felina creatura mostraba enormes colmillos que se asemejaban a una sardónica sonrisa.
    En aquel momento Sergei entiende que su fracaso iba más allá de unos cuantos segundos atrás, no había sido salir de su cobertura; al menos ese día él había sido la presa desde un principio; volvía tras sus pasos y se arrepentía de su arrogancia, de su descuido que si bien debía existir no podía descubrirlo ahora en su turbada mente que poco a poco cedía ante la sobredosis de adrenalina.
    Los vehículos se escuchaban más cerca cada vez y sus motores le hacen al hombre recobrar conciencia por un instante en el que trata de dar media vuelta para emprender la huida, pero su cuerpo pierde repentinamente toda espacialidad, su respiración se corta de tajo y su vista se nubla, como si de un sueño se tratara breves destellos de imágenes del paisaje cruzan aceleradamente frente a sus ojos, su cuerpo sufre una contusión tras otra sin que pueda entender qué está pasando.
    Desde sus miras telescópicas un par de soldados presencia una escena que raya en lo absurdo y les deja pasmados: En a penas un instante La Mantícora se había lanzado sobre Sergei Okhotnikov apresando con las fauces su cuello emprendiendo de inmediato una frenética carrera hacia lo más denso del bosque sin soltar el cuerpo del investigador como si de un lobo y un conejo se tratase, los disparos cesan más por confusión que por proteger al hombre mientras la cazadora y su presa se pierden en la distancia tras una breve pero inútil persecución de un par de vehículos militares que quedan impedidos por una escarpada colina que su objetivo escala velozmente sin dificultad.
   Sergei de a poco recupera el conocimiento, con él recobra sensibilidad en el cuerpo siendo así azotado por dolores en cada extremidad, su piel arde, su pecho le duele al inhalar, sus sentidos le dan información parcial y espaciada mientras abre lentamente los ojos que sin embargo le revelan una oscuridad total.
    -Menos mal que no estás muerto, necesito hacerte muchas preguntas antes de que lo estés.
   La voz es inconfundible para él, aunque a penas la había escuchado distantemente un par de veces.    Su castigado cuerpo le dificulta moverse, la oscuridad además le hace obviar la falta de propósito de intentarlo sus oidos le decían la creatura se encontraba a poca distancia en la dirección de su cabeza, su primer intento por corresponder la comunicación cesa por el dolor en su pecho que ya se extendía al cuello y se apaga en una breve tos.
   El silencio se prolonga, el detective se sabe indefenso y simplemente se procura reposo mientras a tientas se inspecciona el cuerpo.
   -¿Qué buscas? No tienes ni armas ni la caja de ruidos.
   -Radio.- Contesta quedamente Sergei. -Pero en realidad me busco heridas.
   -¿Cómo me encontraste? ¿Cómo me haz encontrado tantas veces?
   -Eres un animal... ...muy listo, pero joven aún. Y mientras buscas ese “algo” en los pueblos dejas rastro...
   -¿Y tú qué eres?
   El hombre nunca pensó estar en esa situación, nunca creyó poder hablar con aquella creatura, su objetivo había sido claro desde el principio, ayudar en su captura o en su defecto exterminio, en su mente el último encuentro con La Mantícora sería muy diferente pues era simplemente una presa más para él, un caso más que resolver, un rastro más que seguir.
   Cuando recién se involucró en esta cacería los militares le habían hablado tanto del ser pero le habían mostrado tan poca evidencia que le resultaba imposible creer en la existencia de tal experimento, le argumentaban que la base militar de la que había escapado había sido tan dañada que los trabajos de recuperación de información aún meses después continuaban, que nadie había sobrevivido en aquél lugar, que quedaban a penas unas pocas fotografías a medio quemar, unos documentos muy extensos con nada más que garabatos científicos que los militares poco apreciaban. Sergei lo único que pensó en un principio fue que se trataba todo de una elaborada táctica de reclutamiento para alcanzar niveles más interiores en los círculos secretos de la inteligencia militar. Sin embargo finalmente la vio, una calmada tarde en un bosque dio casi por coincidencia con un rastro de huellas que lo llevaron a encontrarse por primera vez, aunque a cientos de metros de distancia, con la creatura que había sido capaz de acabar con un batallón completo en cuestión de horas.

   Unos leñadores habían informado al ejercito de unas huellas humanas en la nieve de apariencia tal que temían una persona estuviera perdida en la tundra, siguiendo tal pista Sergei y una escuadra militar dieron con una visión de principio les hizo reír: una joven mujer de poco más de metro y medio que se desplazaba torpemente en nieve profunda, dando saltos con descuido infantil en dirección a una pequeña aldea anónima en los bordes de Siberia. Sin embargo era claro que no era algo normal pues aquella figura retozaba completamente desnuda en un clima muy por debajo de cero sin ningún síntoma de molestia.
   Sin escatimar en precauciones él y su séquito se acercaron a la aldea seguidos del despliegue de media docena de vehículos en los alrededores. Al internarse, las huellas en la nieve los llevaron a una cabaña claramente habitada, a penas un momento tras haber rodeado el lugar se escucha alboroto dentro, los habitantes denotando una intrusión que poco dura pues cuando los soldados se aprestan a entrar la creatura sale por una ventana vistiendo sencillas prendas de dormir muchas tallas mayor pues le quedan holgadas al punto de tropezar con ellas en su aterrizaje en la nieve a lo que uno de los soldados reacciona disparando.
   El certero tiro en el abdomen de la que hubiese lucido hasta entonces como una inofensiva joven cambie por completo su apariencia y postura, su boca se abre mucho más allá de cualquier límite humano y sus encías pulsan llenándose de aserrados dientes, sus orejas se estiran hasta asemejarse a las de un murciélago, sus piernas crujen invirtiendo sus articulaciones mientras sus manos se convierten en zarpas a la vez que su piel comienza adquirir un tono grisáceo al tiempo que ruge con la potencia de un enorme oso.
   Sergei contempla incrédulo a penas doblaba desde una esquina por lo que se tiende al piso enterrándose discretamente cuanto puede en la nieve mientras observa a la pesadillezca creatura recibir los disparos del aterrorizado soldado que en breve es alcanzado por los otros tres que le acompañaban, sin embargo, en un parpadeo, antes de que otra arma se dispare los cuatro soldados quedan reducidos a miembros y vísceras esparcidos por la pared y la nieve sin que el único espectador se pueda explicar lo ocurrido, luego el abominable ser cambia de nuevo su apariencia para asemejarse mucho a un canino que de inmediato emprende carrera con dirección al exterior de la aldea despojándose en el proceso de las desgarradas ropas que le quedaban.
   El inspector escucha disparos en las afueras pero lo ignora y se apresura a entrar en la cabaña, en el interior una pequeña familia se apretujaba en una esquina en un abrazo que denotaba terror más por los disparos que por la intrusión, ningún herido allí, ningún destrozo. Tras reconfortarles, Sergei, les hace varias preguntas y ofreciéndoles dinero les pide omitir varios detalles si eran cuestionados por militares.
   -Yo soy otro animal, pero más viejo.
   -¿Por eso me puedes rastrear? ¿Por viejo? ¿Cuando envejecen les mejoran los sentidos?.
   -En realidad se ponen peor pero no solamente gracias a los sentidos un animal caza ¿o si?, requiere inteligencia.
   -Eso es estúpido si el animal que pretendes cazar tiene más fuerza, colmillos, garras.
  -Si, ahora lo entiendo, no importaba cuando te hubiera encontrado, simplemente no podía hacerte frente, esto no se trataba de mi cazándote a ti ¿verdad?, creí te podía vencer con inteligencia.
   -¿Por qué lo haces? ¿Qué ganas?
   -Dinero, reputación, extender mi vida unos meses más, quizá pudieron ser años.
   -¿Extender tu vida? ¿Pretendías comerme?
   -Figurativamente, pues atraparte o no hubiera cambiado el hecho de que me mataran o no.
   Las palabras del hombre se tornaban cada vez más reflexivas, no se explicaba si el ensimismamiento se le venía por una inminente pérdida de conocimiento o por una extraña sensación de familiaridad que sentía debido a la voz cada vez menos agresiva de su invisible compañía.
   -Seré yo quien te mate.
   -En retrospectiva, una muerte a manos tuyas es la mejor muerte a la que puedo aspirar pues eres lo más hermoso que he visto en toda mi vida.- Las palabras de Sergei se diluyen en un tono de dolor tanto emocional como físico mientras queda inconsciente otra vez.

   Dos soldados claramente de alto rango critican y vociferan sobre el fracaso de la operación de Sergei, discuten acaloradamente ponerle fin a su corta misión y de paso a su vida debido a la pérdida de una docena de soldados.
   -¡¿Y usted ileso?! Mis hombres valen mucho más que usted porque tienen el valor de morir por la Madre Patria y...-
   -Y simplemente ellos no la pueden encontrar, en meses no dieron con la creatura, yo lo logré en una semana, si yo hubiera muerto no la volverían a ver.
   -Eso queda por verse Sergei, puede que lo estén protegiendo esta vez, pero de cometer otro error así seré yo mismo quien arregle las cosas.- Gruñe el soldado mientras acaricia la pistola en su cinturón.
   -La encontraré de nuevo, pero para su beneplácito, mande también a sus mejores hombres, aquellos que crea capaces de hacer mi trabajo y si la encuentran antes que yo con gusto vendré a que me dispare, de lo contrario Mayor, le exigiré que me ceda los derechos para decidir sobre la vida de sus tropas.
   La actitud desafiante del detective estaba justificada en su extenso currículum participando en la captura de criminales y desertores de la guerra que el ejercito mismo no había podido atrapar además estaba dispuesto a jugarse la vida puesto que tras ver de lo que era capaz la creatura había desarrollado una inmediata fascinación por ella, quería ver más, quería probar las capacidades del ser, quería vencer a una creatura que parecía invencible.
   Los encuentros se repitieron, en cada uno aprendió detalles del comportamiento de su objetivo, cada vez que descubría de aquella una nueva capacidad se llenaba de emoción pues sentía acercarse a descubrir sus debilidades, verla se había convertido en un juego de para él, pues se acercaba cuanto podía, se refugiaba bajo cuerpos de soldados caídos para mirar más de cerca a la que ahora apodaban La Mantícora.
   Sergei sabía perfectamente que ya era presa de una obsesión que sin embargo ocultaba de los soldados. La información, las borrosas fotografías, los textos anecdóticos, todo lo repasaba por las noches buscando detalles nuevos, formulando teorías, incluso trató de descifrar los avanzados textos de Yuri Tereshkova recuperados del laboratorio que había dado a luz a semejante maravilla; una maravilla que él debía apreciar en silencio al mismo tiempo que desafiándola
   Una ocasión, recién concluido un encuentro con la creatura el detective rondaba la zona de conflicto, varios soldados muertos rodeaban el lugar, una visión que ya se le había hecho costumbre, sin embargo un sobreviviente llamó su atención, un joven cadete que parecía estar ileso sentado a cubierto en la llanta de un vehículo murmurando frases rotas.
   -Soldado, qué afortunado es.
   -La Mantícora, es.. ...esa abominación...-El gesto del joven estaba por completo descompuesto, su mirada perdida en el horizonte, sostenía apretadamente un rifle que claramente ya no tenía balas puesto que se le veía jalar el gatillo una y otra vez sin detonación alguna.
   -Si, esa cosa es aterradora.-Dice Sergei mientras comienza a despacharse un cigarrillo. -Les tomará al menos media hora mandar apoyo, mientras trate de calmarse para dar su versión de los hechos.
   -Es humana... ...La Mantícora, es humana, habla, le habló a Piotr...yo estaba...
Interrumpiendo sus acciones Sergei le dirige una severa mirada a su interlocutor quien continua delirante y con la vista en el horizonte.
   -Cadete, claramente le han dicho a usted que esa cosa no es humana, que no habla ni interactua con los humanos. Solamente mata, de acuerdo a lo que sus superiores específicamente le han dicho a usted y a todos nosotros esa cosa no piensa, más vale que omita eso en su informe o se arriesga a ser acusado de locura.
   -¡Habla!...la maldita creatura es inteligente, justo antes de matarlo dijo a Piotr que se había buscado su final por seguirla y que...
   Sin mayor advertencia el hombre en pié saca su pistola y ejecuta al soldado para luego acomodar el cadáver en posición tal que luciera como un suicidio.
   -Como le decía esos datos va a tener que omitirlos de su informe cadete, usted como todos simplemente está aquí para dispararle a un animal, yo soy el único que puede hablar con ella, porque yo la entiendo, y ustedes no, yo sé qué es y ustedes no.... Y más me vale que siga siendo así.

    Una bofetada despierta a Sergei quien aún resiente los golpes en su cuerpo pero parece tener mayor movilidad; la recluida oscuridad de antes había cambiado por la oscuridad de la noche en la que la Luna iluminaba fuertemente, a penas se incorpora el hombre mira a unos metros de si a la creatura recostada en el tronco de un árbol; el dolor que había rescindido era remplazado por el violento frío.
   -Creí que me ibas a matar.
   -Si lo haré, pero aún no terminan mis preguntas. ¿Cuántos humanos hay capaces de rastrearme como tú?.
   -Eres puros negocios, ¿verdad?
   -Responde mi pregunta.
   -Nadie, solamente yo puedo.
   -¿Cómo estás tan seguro?
   -Nadie de quienes te persiguen es capaz, yo lo soy porque te entiendo, sé cosas de ti que ellos no, te conozco desde que estabas desorientada y eras tímida.
   -¡¿Qué quiere decir eso?! ¿Estabas en Valhalla?.- Exclama LIINHHN-i saltando de su reposo a una postura defensiva.
   -Años persiguiéndote, y ellos nunca me dijeron el nombre de la base. Es irónico que me entere de información clasificada directamente de ti aunque se entiende porque hiciste bien tu trabajo, no dejaste ni un testigo, incluso creo que deliberadamente destruiste parte del laboratorio. Todo lo que realmente sé de ti es porque lo he visto, he estado allí en cada ocasión, tras de ti, siempre cerca, desde que jugabas a ser una niña en la nieve hasta ahora que invertiste los papeles.
   -¿Invertir los papeles?
   -Si, yo creía que te estaba cazando a ti, y resulta que ahora yo soy tu merienda, y sé muy bien que sin mi ellos no nos van a encontrar. Estoy completamente jodido. Así que relájate chica Mantícora y disfruta de torturarme antes de que el frío abrazo de mi amada Siberia me mate antes que tú.
   -Te regresaré a la cueva entonces.
   -No lo hagas, ahí no puedo verte.
   -No lo entiendo, ¿cómo es que verme te va a mantener vivo a pesar del frío?
   -A veces los humanos para mantenernos vivos necesitamos cosas que nos matan.
   -Eso es estúpido.- Concluye la joven arrastrando al hombre hacia la aledaña guarida a lo que el hombre ofrece poca e inútil resistencia.
   Una vez dentro de su refugio:
   -Ya puedo caminar no tienes qué hacer eso de nuevo.
   -¿Qué es Mantícora?
   -Un ser mitológico, una creatura que devora humanos.
   -Yo no me los como, son asquerosos. Comería cualquier otra cosa antes que humano.
   -Si, a veces lo somos.- Concluye el hombre al tiempo que se pone en pié y descaradamente sale a buscar nieve que derrite y bebe.


   Sentados en un improvisado puesto de vigilancia dos soldados miran temerosamente en la distancia; recién les informaron La Mantícora había sido vista en dirección al pequeño poblado a sus espaldas.
Los relatos de la creatura basados en los escasos sobrevivientes ya permeaban en todos los batallones de la región, aunque disparatados y hasta fantasiosos se cristalizaban de manera muy tangible en los cuerpos dejados trás los encuentros, despojos y pulpas de carne más allá de lo que se reconoce como un ser humano lo que estaba incluso causando intentos de decersión por el miedo que algunos sentían tras mirar evidencias o escuchar de fidedignos testigos cuentos sobre un demoniaco ser imposible sediento de sangre e inmune a las balas de más alto calibre.
   Tal era el caso de los dos soldados que a penas minutos antes habían sido llevados ante un amigo muto de otro pelotón que hubiera llegado al hospital del pueblo como único sobreviviente a un intento de atacar al ser; él les había narrado con voz sollozante los horrores que había visto. La pareja de sardos guardaba un sepulcral silencio debido a que se sentían ambos incapaces de criticar u opinar de lo que su amigo de infancia les había narrado, trataban incluso de evitar mirarse mutuamente por largos minutos que fueron interrumpidos cuando en la distancia se vio una silueta caminando sobre una carretera casi tangente al poblado que defendían, el corazón les dio un vuelco, imaginaban al ejercito de bestias que su amigo les había descrito desbordar justo detrás de aquella distante figura.
   -Es...es solamente una mujer...
   El radio ante ellos comienza a transmitir las agitadas órdenes de su superior.
   -¡La Matícora se aproxima!, ¡Alisten armas!
   Ambos apuntan mecánicamente sus rifles hacia el frente esperando ver aquella horrible creatura, incluso intercambian comentarios de preocupación por la indefensa chica allá afuera.
   La radio vuelve a sonar, la voz que inicia les es desconocida, pero obviamente discute con sus superiores con el micrófono accidentalmente abierto.
   -Atención a todas las unidades, ignoren la orden anterior, no se abrirá fuego sobre la creatura.
   -¡Sergei! ¡Usted no tiene jurisdicción aquí yo soy quien da las ordenes!
  -Ahora si tengo, mire usted el telegrama recién llegado, soy responsable de todos los efectivos de la zona mientras estén en posibilidad de capturar a la creatura.
   El radio se silencia dejando a los dos soldados confundidos en un tenor casi cómico que les da un respiro de su temor aparentemente infundado.
   -Atención todas las unidades, aguarden por nuevas órdenes.- Dicta su superior en tono de frustración y la radio se silencia definitivamente.
   La joven que caminaba por la carretera se encontraba ya cerca de cruzar por el punto más cercano al pueblo cuando un hombre de gabardina se introduce en el puesto de vigilancia al lado de ambos pero sin acercarse a la ventana de observación atrayendo de inmediato su atención y las miras de sus rifles.
   -Calma señores, no hagan alboroto, soy Sergei Okhotnikov, y estoy a cargo de la operación para capturar a esa creatura.- Explica señalando a la paseante del exterior.
   -Usted no tiene...
   -Silencio...- Interrumpe el investigador muy quedamente y continúa. -Hay un hombre en el hospital allá atraás que solamente perdió un poco la cordura y no la vida gracias a que escuchó mis consejos, si quieren discutirlo con él adelante.
   Ambos soldados quedaron petrificados, sabían exactamente a quién se refería, por lo que ambos acatan permanecer en silencio y dirigen una desconcertada mirada a la caminante.
   -Con naturalidad comiencen a platicar, en volumen normal, lo que sea, y dejen lentamente de mirarla. Si sale de la carretera en esta dirección díganlo fuerte y claro.- Instruye el recién llegado al tiempo que abre el micrófono de la radio del puesto.
   Desconcertados acatan torpemente improvisando una conversación repetitiva dando evidentes miradas al exterior.
   La joven del exterior se detiene y mira hacia el pueblo, sienten un escalofrío que no pueden explicar sino por la fuerte sugestión, el instante les parece eterno, sin embargo cesa cuando ella reanuda su camino sin dirigirse al pueblo.
   -Le acabo de salvar la vida a todo tu batallón camarada, espero lo sepas apreciar. Igualmente voy a necesitar dos vehículos y a quince de tus hombres para seguir a la creatura.
   La transmisión de tal mensaje hace estremecer a muchos soldados en otros puestos, pero los dos centinelas se sienten engañados.
   -¿Qué ha sido eso? ¿Una broma?- Comenta uno de ellos enfurecido.
   -No, un simulacro; si las muchachas indefensas no te dan miedo puedes unirte al equipo que irá conmigo a perseguir a la verdadera.
   Regresando a la cueva para resguardarse del frío Sergei busca a tientas acomodarse cuan profundo le permitía la escasa luz de Luna que se filtraba al interior.
   -Debiste huir.
   -¿Lo ibas a permitir?
   -No me importa mucho en realidad, si me ofrecí a matarte es por gusto.
   -Vaya. ¿Has aprendido a matar por gusto como nosotros?
   Un fuerte he inamovible agarre por el cuello hace a Sergei callar y preocuparse por una posible asfixia inminente.
   -¡Yo no soy como ustedes! ¡Les estoy tratando como lo merecen asquerosas creaturas!
   -Está bien...lo sé...- A penas articula el sujeto. -Tú eres muy diferente.
  -¡¿A cuańtos otros animales has cazado como lo intentaste conmigo?!, ¡¿A cuántos has matado sin razón?!
   -Ninguno...yo cazo humanos...no animales.
   El hombre es liberado y de inmediato aprovecha para retomar aire al tiempo que se lleva una mano al cuello como intentando aliviar el dolor.
   -¿Qué haces tras de mi entonces?
   -Tú...- Comienza el otro aún con dificultad. -Tú eres completamente diferente a todo, sé que somos inferiores a ti, ellos creen...yo también creí que podía vencerte en inteligencia pero...¿Fingiste verdad?     Sabías que iba tras de ti, fingiste esa caida del árbol, fingiste...
   -¡Fingí no mirarte cuando te enterraste en la nieve! porque creí que eras parte de la familia de aquella cabaña, porque no disparaste.
   El detective siente como si el peso del mundo le cayese sobre los hombros, sus movimientos se acartonan, sus ojos van de un lado a otro como buscando en sus recuerdos la mirada que le describían, pero nada viene a su mente.
   -Yo...fui la presa todo el tiempo.
   -Al menos desde que me di cuenta de que tú eras quien me encontraba, creí que eras otro, tenía que estar segura de que no era así, que no había más de mi.
  -Tú...-La voz del hombre permanece titubeante y queda, todo su aplomo y seguridad de antes había desaparecido por completo. -Eres...tú ganas...mátame ya.
  -No, dime todo lo que sabes del laboratorio, ¿qué saben ellos? Me vas a ayudar a desaparecer por completo y podrás vivir.