1 dic. 2016

Mis amantes, los dioses.


    "La mañana me trae como regalo los primeros rayos del sol que cálidos se sienten como besos que nacen, danzan y se disipan, primero sobre mis descubiertos hombros, luego se abren camino con tibiamente a través de las delgadas sábanas de blanco satín que me abrazan. Cedo. De a poco descubro mi cuerpo para recibir en él el regalo de este amanecer en que pertenezco a la brisa. Mientras Hermes me besa el cuerpo Eolo me regala el perfume de húmedas hierbas y tierra que cerca están de ocultar el aroma de las rosas en mi ventana. Sigo deslizando las sábanas poco a poco, moviéndome cuan suave y lento puedo hacerlo puesto que no quiero ahuyentar los brazos de mis dos divinos amantes aún, quiero me crean indefensa y aún dormida.

     La tela fluye como un riachuelo descubriendo mi pecho, mi vientre, mi cadera, hasta ahí alcanzan mis brazos, ahora los rayos del sol pueden tocar mis brazos, mi cuello, solamente la seda de mi blusa les oculta parte de mi, pero no mucha puesto que el escote a penas salva la más sensible de mi piel, descubre mis clavículas y llega a la mitad entre mis senos que se sonrojan sensibles ante la luz que los acaricia, debajo, la frontera de la mentada prenda descansa dividiendo mi vientre justo sobre el centro de mi, su delicado peso y paño separan los dedo cálidos del sol que revolotean por mi abdomen de los meros murmullos tibios que la seda deja pasar sobre mis ocultas costillas.

     Ya asoma de las huidizas sábanas una de las prendas que resguarda mi intimidad, seda del mismo paño que mi blusa, un aperlado color champaña, los pliegues del elástico que la ciñen apenas bajo mi cintura destellan al azar con el característico brillo de esta tela tan mía. El brillante sol no me deja mentir, la otra prenda debajo luce a penas como un espíritu color plata que falla intentando ocultarse bajo la leve y difusa  transparencia de la seda. Hermes me mira. Yo sigo fingiendo cuanto puedo que duermo, pero la seducción de los tibios besos de luz y las frescas caricias del viento tienen mis nervios alerta, despiertos, se sienten como si se abrieran paso unos con otros para llegar a flor de piel, y allí ansiosos quisieran brotar como césped, pero no es así, pues el fin vello que me cubre ya cumple esa misión, se ondea en el vaivén del viento mientras comparte su alegría con la piel, no puedo evitarlo, se eriza a ratos, cede, vuelve. Lucho por mantenerme inmóvil, ojos cerrados, labios entreabiertos que desean morderse, cabello que cae como enredaderas por doquier, que con sutiles roces me recuerda su existencia como si soñara por si miso ser la corona de una gorgona.

     Serán mis piernas entonces las que continuen el trabajo de mis brazos y me dejen descubrir mi cuerpo entero sigilosamente. Despacio, grácil, asciende una, desciende la otra, soy como un grillo haciendo silenciosa música con notas de roces entre mi piel y el satín. Para este momento mi respiración temo me traicione, pues deja de a poco la calma y se enciende en una escalada cuya cúspide conozco, pero la controlo aún, espero, pues sé sin mirar que la media luna que es contorno de mi busto oscila ya creciente y menguante.

     Minutos se sienten como horas mientras hago consciente cada sensación en mi cuerpo, piel, tela, sol y viento, mi corazón que rápido palpita, mi respirar hondo pero silencioso, mi lenta pero firme danza para descubrirme de cuerpo entero, todo cruza por mi mente que teje esta mañana en una experiencia como ninguna antes, tan simple, tan compleja. La sábana ha corrido hasta mis rodillas.

     El corte del short, a medio camino de ser una falda. La prenda se aferra a mi por arriba y se holga sobradamente para dar paso a mis piernas, a penas un delgado corte de tela cruza entre ellas de adelante atrás, impredecible y siempre asimétrica se acomoda sobre cada pantorrilla, incluso en una aún más arriba, lo sé  porque el Hermes no pierde tiempo y recorre toda la piel desnuda que encuentra, mientras Eolo busca los requisios entre los pliegues de la volátil tela y acaricia debajo de ella topándose incluso con el color plata debajo, lo siento, su ligera caricia me estremece un poco. Resisto aún.

    La sábana ha llegado al final de su camino, se envuelve en sí misma a mis piés, mismos que la acarician, lentamente, en agradecimiento a su dócil flujo, el sol se apresura sobre mis empeines dejando a mis frías plantas celosas del calor hasta que la brisa cosquillea en ellas como reconfortándolas, mis dos dioses amantes parecen ya tomarse de la mano pues la brisa es tibia, y los rayos solares abrasan con menor fuerza. Ambos se miran uno a otro, sobre mi, sin palabras acuerdan seguir llevándome hacía el más dulce de los éxtasis: el de estar con vida."







    Resulta que ese es un texto que pretendo forme parte del diario de una chica que asciende del pudor enfermizo a la realización y libertad como un ser humano completo que acepta, desata, enfrenta y logra domar sus emociones más íntimas y poderosas, un acenso en el que ella pasa de ser una participante en su vida, a la absoluta autora. Agregando así un proyecto más a la lista de "to-do". Es posible que esté directamente relacionado a una novela y no sea una isla.



22 ene. 2016

Capítulo ?: Amar te duele



Ak dovurak, Rusia
(90.55ºE, 51.17ºN)
22:30 - 08/sep/1979

    Un apacible y silencioso pueblo se estremece con múltiples detonaciones de rifles de alto calibre, el eco recorre las contadas calles yendo de un lado a otro entre muros de piedra y ladrillo llegando hasta los árboles del bosque circundante haciendo que algunas aves levanten el vuelo desde las copas.
    Ante los incrédulos ojos de Sergei y desde lo alto de un árbol, cae Linhhn-i tras recibir al menos tres disparos de casi una veintena de intentos casi simultáneos, aparentemente inerte debido a la torpe postura con que se aproximaba al suelo colisiona incluso con algunas ramas que relentizan su precipitación. La reacción del hombre es cuan rápida le permite su cuerpo, pues sale de su resguardo dando una brusca orden por radio al tiempo que se apresta una pistola y aproxima al siguiente árbol cubriéndose tras él por a penas un instante antes de ir al siguiente., sin embargo en un parpadeo la creatura cambia su postura a centímetros del suelo para colocarse en cuatro patas como acechándole pues clava en él su mirada tan rápido que lo congela de temor y a penas medio cunbierto tras el segundo árbol.
    -Tú otra vez, ¡¿Cómo me encontraron?!- Habla entre rugidos La Mantícora causando que Sergei no pueda hacer más que tragar saliva mientras tira su arma al suelo incapaz de articular palabras o de si quiera hacerse obedecer por su cuerpo. -¡Responde creatura despreciable!, ahora sé que eres tú quién los guía- Continúa severamente aquél imponente ser que a paso lento se aproxima cambiando al paso su anatomía humana para transformarla en aquella que le hubiese ganado el apodo.
    En la distancia ya se escuchaban vehículos en movilización, algunos disparos más llueven sobre el ser homínido quien claramente recibe algunos en el cuerpo sin si quiera parpadear o cambiar la velocidad de su avance.
   -¿Creías que me cazabas?- El rostro, ya distante del de una joven humana, de la felina creatura mostraba enormes colmillos que se asemejaban a una sardónica sonrisa.
    En aquel momento Sergei entiende que su fracaso iba más allá de unos cuantos segundos atrás, no había sido salir de su cobertura; al menos ese día él había sido la presa desde un principio; volvía tras sus pasos y se arrepentía de su arrogancia, de su descuido que si bien debía existir no podía descubrirlo ahora en su turbada mente que poco a poco cedía ante la sobredosis de adrenalina.
    Los vehículos se escuchaban más cerca cada vez y sus motores le hacen al hombre recobrar conciencia por un instante en el que trata de dar media vuelta para emprender la huida, pero su cuerpo pierde repentinamente toda espacialidad, su respiración se corta de tajo y su vista se nubla, como si de un sueño se tratara breves destellos de imágenes del paisaje cruzan aceleradamente frente a sus ojos, su cuerpo sufre una contusión tras otra sin que pueda entender qué está pasando.
    Desde sus miras telescópicas un par de soldados presencia una escena que raya en lo absurdo y les deja pasmados: En a penas un instante La Mantícora se había lanzado sobre Sergei Okhotnikov apresando con las fauces su cuello emprendiendo de inmediato una frenética carrera hacia lo más denso del bosque sin soltar el cuerpo del investigador como si de un lobo y un conejo se tratase, los disparos cesan más por confusión que por proteger al hombre mientras la cazadora y su presa se pierden en la distancia tras una breve pero inútil persecución de un par de vehículos militares que quedan impedidos por una escarpada colina que su objetivo escala velozmente sin dificultad.
   Sergei de a poco recupera el conocimiento, con él recobra sensibilidad en el cuerpo siendo así azotado por dolores en cada extremidad, su piel arde, su pecho le duele al inhalar, sus sentidos le dan información parcial y espaciada mientras abre lentamente los ojos que sin embargo le revelan una oscuridad total.
    -Menos mal que no estás muerto, necesito hacerte muchas preguntas antes de que lo estés.
   La voz es inconfundible para él, aunque a penas la había escuchado distantemente un par de veces.    Su castigado cuerpo le dificulta moverse, la oscuridad además le hace obviar la falta de propósito de intentarlo sus oidos le decían la creatura se encontraba a poca distancia en la dirección de su cabeza, su primer intento por corresponder la comunicación cesa por el dolor en su pecho que ya se extendía al cuello y se apaga en una breve tos.
   El silencio se prolonga, el detective se sabe indefenso y simplemente se procura reposo mientras a tientas se inspecciona el cuerpo.
   -¿Qué buscas? No tienes ni armas ni la caja de ruidos.
   -Radio.- Contesta quedamente Sergei. -Pero en realidad me busco heridas.
   -¿Cómo me encontraste? ¿Cómo me haz encontrado tantas veces?
   -Eres un animal... ...muy listo, pero joven aún. Y mientras buscas ese “algo” en los pueblos dejas rastro...
   -¿Y tú qué eres?
   El hombre nunca pensó estar en esa situación, nunca creyó poder hablar con aquella creatura, su objetivo había sido claro desde el principio, ayudar en su captura o en su defecto exterminio, en su mente el último encuentro con La Mantícora sería muy diferente pues era simplemente una presa más para él, un caso más que resolver, un rastro más que seguir.
   Cuando recién se involucró en esta cacería los militares le habían hablado tanto del ser pero le habían mostrado tan poca evidencia que le resultaba imposible creer en la existencia de tal experimento, le argumentaban que la base militar de la que había escapado había sido tan dañada que los trabajos de recuperación de información aún meses después continuaban, que nadie había sobrevivido en aquél lugar, que quedaban a penas unas pocas fotografías a medio quemar, unos documentos muy extensos con nada más que garabatos científicos que los militares poco apreciaban. Sergei lo único que pensó en un principio fue que se trataba todo de una elaborada táctica de reclutamiento para alcanzar niveles más interiores en los círculos secretos de la inteligencia militar. Sin embargo finalmente la vio, una calmada tarde en un bosque dio casi por coincidencia con un rastro de huellas que lo llevaron a encontrarse por primera vez, aunque a cientos de metros de distancia, con la creatura que había sido capaz de acabar con un batallón completo en cuestión de horas.

   Unos leñadores habían informado al ejercito de unas huellas humanas en la nieve de apariencia tal que temían una persona estuviera perdida en la tundra, siguiendo tal pista Sergei y una escuadra militar dieron con una visión de principio les hizo reír: una joven mujer de poco más de metro y medio que se desplazaba torpemente en nieve profunda, dando saltos con descuido infantil en dirección a una pequeña aldea anónima en los bordes de Siberia. Sin embargo era claro que no era algo normal pues aquella figura retozaba completamente desnuda en un clima muy por debajo de cero sin ningún síntoma de molestia.
   Sin escatimar en precauciones él y su séquito se acercaron a la aldea seguidos del despliegue de media docena de vehículos en los alrededores. Al internarse, las huellas en la nieve los llevaron a una cabaña claramente habitada, a penas un momento tras haber rodeado el lugar se escucha alboroto dentro, los habitantes denotando una intrusión que poco dura pues cuando los soldados se aprestan a entrar la creatura sale por una ventana vistiendo sencillas prendas de dormir muchas tallas mayor pues le quedan holgadas al punto de tropezar con ellas en su aterrizaje en la nieve a lo que uno de los soldados reacciona disparando.
   El certero tiro en el abdomen de la que hubiese lucido hasta entonces como una inofensiva joven cambie por completo su apariencia y postura, su boca se abre mucho más allá de cualquier límite humano y sus encías pulsan llenándose de aserrados dientes, sus orejas se estiran hasta asemejarse a las de un murciélago, sus piernas crujen invirtiendo sus articulaciones mientras sus manos se convierten en zarpas a la vez que su piel comienza adquirir un tono grisáceo al tiempo que ruge con la potencia de un enorme oso.
   Sergei contempla incrédulo a penas doblaba desde una esquina por lo que se tiende al piso enterrándose discretamente cuanto puede en la nieve mientras observa a la pesadillezca creatura recibir los disparos del aterrorizado soldado que en breve es alcanzado por los otros tres que le acompañaban, sin embargo, en un parpadeo, antes de que otra arma se dispare los cuatro soldados quedan reducidos a miembros y vísceras esparcidos por la pared y la nieve sin que el único espectador se pueda explicar lo ocurrido, luego el abominable ser cambia de nuevo su apariencia para asemejarse mucho a un canino que de inmediato emprende carrera con dirección al exterior de la aldea despojándose en el proceso de las desgarradas ropas que le quedaban.
   El inspector escucha disparos en las afueras pero lo ignora y se apresura a entrar en la cabaña, en el interior una pequeña familia se apretujaba en una esquina en un abrazo que denotaba terror más por los disparos que por la intrusión, ningún herido allí, ningún destrozo. Tras reconfortarles, Sergei, les hace varias preguntas y ofreciéndoles dinero les pide omitir varios detalles si eran cuestionados por militares.
   -Yo soy otro animal, pero más viejo.
   -¿Por eso me puedes rastrear? ¿Por viejo? ¿Cuando envejecen les mejoran los sentidos?.
   -En realidad se ponen peor pero no solamente gracias a los sentidos un animal caza ¿o si?, requiere inteligencia.
   -Eso es estúpido si el animal que pretendes cazar tiene más fuerza, colmillos, garras.
  -Si, ahora lo entiendo, no importaba cuando te hubiera encontrado, simplemente no podía hacerte frente, esto no se trataba de mi cazándote a ti ¿verdad?, creí te podía vencer con inteligencia.
   -¿Por qué lo haces? ¿Qué ganas?
   -Dinero, reputación, extender mi vida unos meses más, quizá pudieron ser años.
   -¿Extender tu vida? ¿Pretendías comerme?
   -Figurativamente, pues atraparte o no hubiera cambiado el hecho de que me mataran o no.
   Las palabras del hombre se tornaban cada vez más reflexivas, no se explicaba si el ensimismamiento se le venía por una inminente pérdida de conocimiento o por una extraña sensación de familiaridad que sentía debido a la voz cada vez menos agresiva de su invisible compañía.
   -Seré yo quien te mate.
   -En retrospectiva, una muerte a manos tuyas es la mejor muerte a la que puedo aspirar pues eres lo más hermoso que he visto en toda mi vida.- Las palabras de Sergei se diluyen en un tono de dolor tanto emocional como físico mientras queda inconsciente otra vez.

   Dos soldados claramente de alto rango critican y vociferan sobre el fracaso de la operación de Sergei, discuten acaloradamente ponerle fin a su corta misión y de paso a su vida debido a la pérdida de una docena de soldados.
   -¡¿Y usted ileso?! Mis hombres valen mucho más que usted porque tienen el valor de morir por la Madre Patria y...-
   -Y simplemente ellos no la pueden encontrar, en meses no dieron con la creatura, yo lo logré en una semana, si yo hubiera muerto no la volverían a ver.
   -Eso queda por verse Sergei, puede que lo estén protegiendo esta vez, pero de cometer otro error así seré yo mismo quien arregle las cosas.- Gruñe el soldado mientras acaricia la pistola en su cinturón.
   -La encontraré de nuevo, pero para su beneplácito, mande también a sus mejores hombres, aquellos que crea capaces de hacer mi trabajo y si la encuentran antes que yo con gusto vendré a que me dispare, de lo contrario Mayor, le exigiré que me ceda los derechos para decidir sobre la vida de sus tropas.
   La actitud desafiante del detective estaba justificada en su extenso currículum participando en la captura de criminales y desertores de la guerra que el ejercito mismo no había podido atrapar además estaba dispuesto a jugarse la vida puesto que tras ver de lo que era capaz la creatura había desarrollado una inmediata fascinación por ella, quería ver más, quería probar las capacidades del ser, quería vencer a una creatura que parecía invencible.
   Los encuentros se repitieron, en cada uno aprendió detalles del comportamiento de su objetivo, cada vez que descubría de aquella una nueva capacidad se llenaba de emoción pues sentía acercarse a descubrir sus debilidades, verla se había convertido en un juego de para él, pues se acercaba cuanto podía, se refugiaba bajo cuerpos de soldados caídos para mirar más de cerca a la que ahora apodaban La Mantícora.
   Sergei sabía perfectamente que ya era presa de una obsesión que sin embargo ocultaba de los soldados. La información, las borrosas fotografías, los textos anecdóticos, todo lo repasaba por las noches buscando detalles nuevos, formulando teorías, incluso trató de descifrar los avanzados textos de Yuri Tereshkova recuperados del laboratorio que había dado a luz a semejante maravilla; una maravilla que él debía apreciar en silencio al mismo tiempo que desafiándola
   Una ocasión, recién concluido un encuentro con la creatura el detective rondaba la zona de conflicto, varios soldados muertos rodeaban el lugar, una visión que ya se le había hecho costumbre, sin embargo un sobreviviente llamó su atención, un joven cadete que parecía estar ileso sentado a cubierto en la llanta de un vehículo murmurando frases rotas.
   -Soldado, qué afortunado es.
   -La Mantícora, es.. ...esa abominación...-El gesto del joven estaba por completo descompuesto, su mirada perdida en el horizonte, sostenía apretadamente un rifle que claramente ya no tenía balas puesto que se le veía jalar el gatillo una y otra vez sin detonación alguna.
   -Si, esa cosa es aterradora.-Dice Sergei mientras comienza a despacharse un cigarrillo. -Les tomará al menos media hora mandar apoyo, mientras trate de calmarse para dar su versión de los hechos.
   -Es humana... ...La Mantícora, es humana, habla, le habló a Piotr...yo estaba...
Interrumpiendo sus acciones Sergei le dirige una severa mirada a su interlocutor quien continua delirante y con la vista en el horizonte.
   -Cadete, claramente le han dicho a usted que esa cosa no es humana, que no habla ni interactua con los humanos. Solamente mata, de acuerdo a lo que sus superiores específicamente le han dicho a usted y a todos nosotros esa cosa no piensa, más vale que omita eso en su informe o se arriesga a ser acusado de locura.
   -¡Habla!...la maldita creatura es inteligente, justo antes de matarlo dijo a Piotr que se había buscado su final por seguirla y que...
   Sin mayor advertencia el hombre en pié saca su pistola y ejecuta al soldado para luego acomodar el cadáver en posición tal que luciera como un suicidio.
   -Como le decía esos datos va a tener que omitirlos de su informe cadete, usted como todos simplemente está aquí para dispararle a un animal, yo soy el único que puede hablar con ella, porque yo la entiendo, y ustedes no, yo sé qué es y ustedes no.... Y más me vale que siga siendo así.

    Una bofetada despierta a Sergei quien aún resiente los golpes en su cuerpo pero parece tener mayor movilidad; la recluida oscuridad de antes había cambiado por la oscuridad de la noche en la que la Luna iluminaba fuertemente, a penas se incorpora el hombre mira a unos metros de si a la creatura recostada en el tronco de un árbol; el dolor que había rescindido era remplazado por el violento frío.
   -Creí que me ibas a matar.
   -Si lo haré, pero aún no terminan mis preguntas. ¿Cuántos humanos hay capaces de rastrearme como tú?.
   -Eres puros negocios, ¿verdad?
   -Responde mi pregunta.
   -Nadie, solamente yo puedo.
   -¿Cómo estás tan seguro?
   -Nadie de quienes te persiguen es capaz, yo lo soy porque te entiendo, sé cosas de ti que ellos no, te conozco desde que estabas desorientada y eras tímida.
   -¡¿Qué quiere decir eso?! ¿Estabas en Valhalla?.- Exclama LIINHHN-i saltando de su reposo a una postura defensiva.
   -Años persiguiéndote, y ellos nunca me dijeron el nombre de la base. Es irónico que me entere de información clasificada directamente de ti aunque se entiende porque hiciste bien tu trabajo, no dejaste ni un testigo, incluso creo que deliberadamente destruiste parte del laboratorio. Todo lo que realmente sé de ti es porque lo he visto, he estado allí en cada ocasión, tras de ti, siempre cerca, desde que jugabas a ser una niña en la nieve hasta ahora que invertiste los papeles.
   -¿Invertir los papeles?
   -Si, yo creía que te estaba cazando a ti, y resulta que ahora yo soy tu merienda, y sé muy bien que sin mi ellos no nos van a encontrar. Estoy completamente jodido. Así que relájate chica Mantícora y disfruta de torturarme antes de que el frío abrazo de mi amada Siberia me mate antes que tú.
   -Te regresaré a la cueva entonces.
   -No lo hagas, ahí no puedo verte.
   -No lo entiendo, ¿cómo es que verme te va a mantener vivo a pesar del frío?
   -A veces los humanos para mantenernos vivos necesitamos cosas que nos matan.
   -Eso es estúpido.- Concluye la joven arrastrando al hombre hacia la aledaña guarida a lo que el hombre ofrece poca e inútil resistencia.
   Una vez dentro de su refugio:
   -Ya puedo caminar no tienes qué hacer eso de nuevo.
   -¿Qué es Mantícora?
   -Un ser mitológico, una creatura que devora humanos.
   -Yo no me los como, son asquerosos. Comería cualquier otra cosa antes que humano.
   -Si, a veces lo somos.- Concluye el hombre al tiempo que se pone en pié y descaradamente sale a buscar nieve que derrite y bebe.


   Sentados en un improvisado puesto de vigilancia dos soldados miran temerosamente en la distancia; recién les informaron La Mantícora había sido vista en dirección al pequeño poblado a sus espaldas.
Los relatos de la creatura basados en los escasos sobrevivientes ya permeaban en todos los batallones de la región, aunque disparatados y hasta fantasiosos se cristalizaban de manera muy tangible en los cuerpos dejados trás los encuentros, despojos y pulpas de carne más allá de lo que se reconoce como un ser humano lo que estaba incluso causando intentos de decersión por el miedo que algunos sentían tras mirar evidencias o escuchar de fidedignos testigos cuentos sobre un demoniaco ser imposible sediento de sangre e inmune a las balas de más alto calibre.
   Tal era el caso de los dos soldados que a penas minutos antes habían sido llevados ante un amigo muto de otro pelotón que hubiera llegado al hospital del pueblo como único sobreviviente a un intento de atacar al ser; él les había narrado con voz sollozante los horrores que había visto. La pareja de sardos guardaba un sepulcral silencio debido a que se sentían ambos incapaces de criticar u opinar de lo que su amigo de infancia les había narrado, trataban incluso de evitar mirarse mutuamente por largos minutos que fueron interrumpidos cuando en la distancia se vio una silueta caminando sobre una carretera casi tangente al poblado que defendían, el corazón les dio un vuelco, imaginaban al ejercito de bestias que su amigo les había descrito desbordar justo detrás de aquella distante figura.
   -Es...es solamente una mujer...
   El radio ante ellos comienza a transmitir las agitadas órdenes de su superior.
   -¡La Matícora se aproxima!, ¡Alisten armas!
   Ambos apuntan mecánicamente sus rifles hacia el frente esperando ver aquella horrible creatura, incluso intercambian comentarios de preocupación por la indefensa chica allá afuera.
   La radio vuelve a sonar, la voz que inicia les es desconocida, pero obviamente discute con sus superiores con el micrófono accidentalmente abierto.
   -Atención a todas las unidades, ignoren la orden anterior, no se abrirá fuego sobre la creatura.
   -¡Sergei! ¡Usted no tiene jurisdicción aquí yo soy quien da las ordenes!
  -Ahora si tengo, mire usted el telegrama recién llegado, soy responsable de todos los efectivos de la zona mientras estén en posibilidad de capturar a la creatura.
   El radio se silencia dejando a los dos soldados confundidos en un tenor casi cómico que les da un respiro de su temor aparentemente infundado.
   -Atención todas las unidades, aguarden por nuevas órdenes.- Dicta su superior en tono de frustración y la radio se silencia definitivamente.
   La joven que caminaba por la carretera se encontraba ya cerca de cruzar por el punto más cercano al pueblo cuando un hombre de gabardina se introduce en el puesto de vigilancia al lado de ambos pero sin acercarse a la ventana de observación atrayendo de inmediato su atención y las miras de sus rifles.
   -Calma señores, no hagan alboroto, soy Sergei Okhotnikov, y estoy a cargo de la operación para capturar a esa creatura.- Explica señalando a la paseante del exterior.
   -Usted no tiene...
   -Silencio...- Interrumpe el investigador muy quedamente y continúa. -Hay un hombre en el hospital allá atraás que solamente perdió un poco la cordura y no la vida gracias a que escuchó mis consejos, si quieren discutirlo con él adelante.
   Ambos soldados quedaron petrificados, sabían exactamente a quién se refería, por lo que ambos acatan permanecer en silencio y dirigen una desconcertada mirada a la caminante.
   -Con naturalidad comiencen a platicar, en volumen normal, lo que sea, y dejen lentamente de mirarla. Si sale de la carretera en esta dirección díganlo fuerte y claro.- Instruye el recién llegado al tiempo que abre el micrófono de la radio del puesto.
   Desconcertados acatan torpemente improvisando una conversación repetitiva dando evidentes miradas al exterior.
   La joven del exterior se detiene y mira hacia el pueblo, sienten un escalofrío que no pueden explicar sino por la fuerte sugestión, el instante les parece eterno, sin embargo cesa cuando ella reanuda su camino sin dirigirse al pueblo.
   -Le acabo de salvar la vida a todo tu batallón camarada, espero lo sepas apreciar. Igualmente voy a necesitar dos vehículos y a quince de tus hombres para seguir a la creatura.
   La transmisión de tal mensaje hace estremecer a muchos soldados en otros puestos, pero los dos centinelas se sienten engañados.
   -¿Qué ha sido eso? ¿Una broma?- Comenta uno de ellos enfurecido.
   -No, un simulacro; si las muchachas indefensas no te dan miedo puedes unirte al equipo que irá conmigo a perseguir a la verdadera.
   Regresando a la cueva para resguardarse del frío Sergei busca a tientas acomodarse cuan profundo le permitía la escasa luz de Luna que se filtraba al interior.
   -Debiste huir.
   -¿Lo ibas a permitir?
   -No me importa mucho en realidad, si me ofrecí a matarte es por gusto.
   -Vaya. ¿Has aprendido a matar por gusto como nosotros?
   Un fuerte he inamovible agarre por el cuello hace a Sergei callar y preocuparse por una posible asfixia inminente.
   -¡Yo no soy como ustedes! ¡Les estoy tratando como lo merecen asquerosas creaturas!
   -Está bien...lo sé...- A penas articula el sujeto. -Tú eres muy diferente.
  -¡¿A cuańtos otros animales has cazado como lo intentaste conmigo?!, ¡¿A cuántos has matado sin razón?!
   -Ninguno...yo cazo humanos...no animales.
   El hombre es liberado y de inmediato aprovecha para retomar aire al tiempo que se lleva una mano al cuello como intentando aliviar el dolor.
   -¿Qué haces tras de mi entonces?
   -Tú...- Comienza el otro aún con dificultad. -Tú eres completamente diferente a todo, sé que somos inferiores a ti, ellos creen...yo también creí que podía vencerte en inteligencia pero...¿Fingiste verdad?     Sabías que iba tras de ti, fingiste esa caida del árbol, fingiste...
   -¡Fingí no mirarte cuando te enterraste en la nieve! porque creí que eras parte de la familia de aquella cabaña, porque no disparaste.
   El detective siente como si el peso del mundo le cayese sobre los hombros, sus movimientos se acartonan, sus ojos van de un lado a otro como buscando en sus recuerdos la mirada que le describían, pero nada viene a su mente.
   -Yo...fui la presa todo el tiempo.
   -Al menos desde que me di cuenta de que tú eras quien me encontraba, creí que eras otro, tenía que estar segura de que no era así, que no había más de mi.
  -Tú...-La voz del hombre permanece titubeante y queda, todo su aplomo y seguridad de antes había desaparecido por completo. -Eres...tú ganas...mátame ya.
  -No, dime todo lo que sabes del laboratorio, ¿qué saben ellos? Me vas a ayudar a desaparecer por completo y podrás vivir.

18 ago. 2014

Linhhn-i - Capítulo ?: Fugitiva

Capítulo XII: Fugitiva

Ak dovurak, Rusia
(90.55ºE, 51.17ºN)
19:11 - 08/sep/1979

    La helada tarde daba paso a la noche en el pequeño poblado, aislado por su distancia a Moscú, la vida rural soviética era dura para los habitantes que sin embargo apacibles vivían su realidad.
    Por la calle, inadvertida por la mayoría, caminaba una joven de cabello rubio erizado, vestida hasta medio rostro con prácticamente harapos, avanzaba con desinterés en sus pasos, sin embargo observando en todas direcciones con sus brillantes ojos azules que denotaban una mirada intranquila, para cuando llega a un pequeño callejón se interna en él tras escudriñar los alrededores asegurándose de no ser vista, una vez al fondo del estrecho pasaje se sienta y de entre sus ropas saca un conejo muerto el cuál sin reparo alguno comienza a devorar, velozmente termina con el animal incluidos los huesos dejando a penas algunas gotas rojizas en el húmedo suelo, chupando luego de sus dedos y labios hasta el último resto de sangre. La joven se acurruca y se queda estática con uno de sus ojos abierto mirando justo hacia la entrada del callejón.
    En una pequeña base militar cercana varios soldados de alto rango se encontraban discutiendo reunidos.
     -La Mantícora fue avistada al este de Ak dovurak, ¿no es así camarada Okhotnikov?-Asegura uno de los presentes señalando con la mirada a quien pareciera el único sin uniforme.
    Alto, esbelto y relativamente joven el hombre al que se referían vestía una larga gabardina beige que lo distinguía de los demás presentes.
    -Así es camarada, rastreamos a la Mantícora teniendo con ella al menos 5 enfrentamientos en los cuales hubo un insignificante número de bajas, sin embargo nuestros esfuerzos por capturarla han sido en vano por esa misma razón, estamos distrayendo mucho al personal en la supervivencia del equipo, por lo que yo sugeriría, les dejaran claras las prioridades a sus elementos- Afirma con seguridad el señalado.
    -¿Está sugiriendo que las vidas de los soldados carecen de valor?-Responde otro de los uniformados con cierta molestia.
    -En comparación con el costo del proyecto y las pérdidas hasta el momento, si, eso estoy afirmando, la Mantícora es un muy valioso objeto para esta nación, por lo que no debemos seguir escatimando en esfuerzos para capturarla, y eso no es fácil dada su capacidad para mimetizarse, la hemos visto con al menos cuatro apariencias completamente diferentes-
    -¿Cómo está seguro de que la ha visto entonces?-
    -Eso es mi trabajo, y si se lo dijera les dejaría de ser útil, y todos sabemos lo que pasa con quienes no le son útiles a la madre patria, si a mi no me creen, pregunte a los soldados que han sobrevivido por qué la han llamado Mantícora. Ahora, si me disculpan, seguiré con mi trabajo-
Sergei Okhotnikov, un detective militar famoso por su habilidad para seguir rastros invisibles se encontraba buscando por ordenes del gobierno Ruso a la creatura que años antes hubiera escapado de una de las instalaciones más secretas y seguras de la nación, al cabo de dichos años ya se había encontrado cara a cara con ella una docena de veces en las cuáles su interés había crecido, la búsqueda prácticamente se había convertido en una obsesión para él, más de una vez habían intentado reemplazarlo por otros detectives, sin embargo ningún otro había siquiera podido dar con la Mantícora, como recientemente nombraban al ser producto del experimento LIINHHN-i.
    A lo largo de sus encuentros había aprendido algunas formas de acercarse a la creatura sin ser detectado por sus agudos sentidos, rociarse con secreciones animales, pastillas que alteraban su ritmo cardíaco entre otras, mismas que mantenía en secreto del resto de los perseguidores dando así resultados que otros no habían logrado, y ese día no fue la excepción.
     Terminado su ritual sale en un automóvil particular con dirección a Ak dovurak guiado por nada más que meras corazonadas.
     En el pequeño poblado la joven seguía descansando cuando las risas de un niño la despabilan aún cuando provenían de el interior de alguna de las casas al rededor, imperceptibles para cualquiera, los demás ruidos que escucha en aquella dirección le indican que la casa estaba siendo dejada por todos su habitantes, por tal motivo ágilmente salta al tejado y corre hacia el lugar entrando con gracia felina por una ventana, rápidamente escudriña las habitaciones en busca de ropa la cuál se lleva sin dejar mayor indicio de su presencia.
    Sergei entra al pueblo dejando su auto para luego comenzar a caminar al azar entre las calles, mirando con discreción en todas direcciones, escudriñando los detalles de las personas con quien se cruzaba.
    -¿A dónde te diriges?, ¿Por qué te detienes en algunas ciudades?, ¿sólo para robar ropa?, no creo, hay algo más- Se dice a si mismo el detective imaginándose charlar con la creatura a la que buscaba.
En el tejado de la casa que acababa de atracar la joven se desvestía ajena por completo al gélido clima, mientras lo hace mira en todas direcciones termina de vestirse con las prendas robadas que a primera vista le ajustan poco, sin embargo tras unos pocos pasos su cuerpo cambia algunas tallas para hacer que tal diferencia desapareciera.
    A pocas cuadras de allí el detective entregaba en la calle algunas monedas a una mujer.
    -¿Sólo tengo que gritar y luego usar el silbato señor?- Pregunta ella desconcertada por la petición que se le había hecho.
    -Si señora.
   -Espero que su perro aparezca señor- Contesta la mujer dando luego unos pasos.-¡Fermín, te estoy llamando Fermín, hazme caso!
    Las palabras cruzan por las calles perdiendo fuerza, pero no desaparecen para el agudo oído de la chica en el tejado quien siente las mismas recorrer todo su cuerpo como un escalofrío, dubitativa se queda pensando un momento para luego bajar a nivel de calle y caminar hacia el lugar en que se habían escuchado.
    Desde una esquina Sergei observa las calles discretamente percatándose así de una joven rubia de media complexión y ropas sencillas que aparece lenta y casualmente como buscando algo, luego de unos instantes comienza a caminar por la calle con seguridad y sin prisa, a pocos pasos voltea en dirección a la mujer con quien el detective hubiera hablado antes, ésta soplaba fuertemente en un silbato que parecía no producir ningún sonido. Sin prestar mayor atención la joven sigue su camino.
    El detective espera pacientemente hasta que la chica se aleja y se acerca a pagar a la señora y recuperar el silbato.
    -No te va el cabello rubio, aunque agradezco la suerte de volverte a ver- Comenta para si el hombre mientras discretamente comienza a cortar distancia con su objetivo.
    Por algunas calles caminan hasta que la joven perseguida se detiene frente a un local dedicado a los productos para mascotas, poco dura estática para después decidirse a entrar. El modesto lugar saturaría los sentidos más normales con aromas de alimento para animales sin embargo, extraño para el tipo de tienda, no había una sola jaula o pecera.
    -Buenas tardes- Comienza la joven. -Quisiera saber por qué no hay animales en su local- Su voz era casi melódica, pero su tono algo arrebatado, ligeramente agresivo.
    -Buena tarde, bueno señorita, como verá no tengo las condiciones para tener animales aquí- Contesta el hombre encargado causando un esbozo de sonrisa en la potencial clienta. -Es muy pequeño mi espacio para las jaulas, y...- Intenta continuar el sujeto cuando se percata de que la joven se retiraba.
    Frustración casi iracunda se notaba en el rostro de la chica mientras se alejaba con largas y apresuradas zancadas del lugar, su perseguidor por otro lado se queda unos momentos parado frente al lugar tratando de explicarse el porqué de aquella breve visita, reanudando pronto su persecución terminándose escasos minutos después cuando la joven entra a una pequeña fracción de bosque que cruzaba por un costado del poblado dividiéndolo, allí el último indicio del detective son algunos movimientos en las copas de los árboles, algo que ya había presenciado pues, la Mantícora, como él la llamaba, parecía tener preferencia por descansar en lo alto de los árboles así que sin demostrar atención al hecho continúa de largo su camino sin acercarse.
    Estando a por lo menos un kilómetro del lugar el detective entra a un pequeño merendero con bastante ruido y saca de sus ropas un radio.
    -La tengo localizada, pero se encuentra en un área muy abierta, una franja de boscosa al sureste de Ak dovurak, el poblado es pequeño, pero requeriremos de muchos elementos para intentar cercarla, y si me lo pregunta, incendiar parte del bosque, no creo que tengamos más que unas seis horas antes de que se mueva y volvamos a perderle, solicito un equipo de francotiradores, debemos distraer su atención antes de proceder con la movilización o se percatará, artillería de alto calibre.
    Escasas 2 horas más tarde un vehículo militar con cuatro tiradores profesionales es recibido por Sergei quien los persuade con múltiples ademanes a apagar el vehículo.
    -Son unos idiotas, ¿Que no entienden que conoce el sonido de éstos autos?, ahora, si ella sigue en el bosque necesito que se ubiquen en estas posiciones- Comenta con claro disgusto mientras muestra un mapa a los recién llegados. 
    -Necesito disparos simultáneos, sólo tendrán una oportunidad, y deberán apuntar exclusivamente a la cabeza, cuando jalen del gatillo la creatura escuchará las detonaciones y reaccionará antes de que las balas lleguen, ténganlo en cuenta, pues no es como un objetivo humano, sabrá exactamente desde qué dirección le están disparando y se agazapará como lo hace un gato, disparen pensando en eso, aquí hay una fotografía, borrosa y lejana pero les dará una idea de la posición que toma cuando se siente amenazada, en esa ocasión todos los disparos fallaron pasando muy por encima del blanco, prevean ésto o les aseguro que fallarán. 
     -Continúa él dando cuanta instrucción consideraba pertinente. 
   -No es lo que parece, que su apariencia no los engañe, se encuentra aproximadamente en esa dirección- Señala y luego comienzan todos a moverse a los puntos acordados desde donde rastrean las copas de los árboles de la cercana franja de bosque localizando en breve la silueta de la joven rubia sentada en una rama recargada en el tronco de un árbol que la alzaba a más de doce metros del suelo y sin embargo parcialmente oculta por las ramas y troncos de otros tantos árboles a su alrededor, la creciente oscuridad descubría sus brillantes ojos que resplandecían con el más mínimo destello de luz.
    Un par de tiradores que miraban a la creatura discutían sobre su apariencia.
    -¿Esa es la Mantícora?, me parece una jovenzuela común.
    -Muy común dormir en un árbol en el frío de las planicies, ¿eres idiota?
    -Ya lo sé, pero los camaradas la describen como de enormes garras y colmillos, ¿no podría ser un error?
    -Explícale al Sargento si tan convencido estás, yo sólo sigo órdenes
    Por las radios se escuchan los avisos de que las fuerzas de tierra se estaban colocando en un perímetro de casi un kilómetro del bosque; en un par de horas casi tienen rodeada la franja.
    Desde las miras telescópicas de los tiradores, los únicos con contacto visual de la extraña joven, no se percibe alteración en ella quien reposaba cerrando alternadamente por largos ratos los ojos.
Sin haber notificado de sus propios movimientos al resto de los involucrados, Sergei se acerca al borde de la población armado con a penas un radio, un revolver y nos binoculares para mirar a la distancia a su elusiva presa.
    En el semblante del investigador se percibe determinación, paciencia; sus años tras La Mantícora le habían enseñado ya que la tarea no ocurriría sin intensa preparación y algo de suerte, pues aquella creatura en apariencia inofensiva había asesinado a centenares de soldados armados y entrenados, había arrasado con convoyes completos en minutos; él mismo había presenciado una de aquellas masacres salvado entonces por un golpe de suerte, se había ocultado fingiendo haber sido abatido a escasos centímetros de un soldado moribundo, pues aunque la feroz creatura no daba tregua contra quienes la amenazaban, rara vez corroboraba la muerte de sus contrincantes, dándola por hecho en muchos casos en los que les veía agonizar.
    En más de una ocasión él parecía haber sido el único capaz de presenciar las imposibles proezas del ser sin morir: saltos irreales, carreras tan veloces que vencía las máximas capacidades de los motores de automóviles, contorsiones indescriptibles, rugidos ensordecedores; pero nada le había fascinado tanto como su mimetización, en segundos sus facciones, estatura, su complexión y hasta su color de cabello, ojos y piel, cambiaban para convertirla en una persona completamente distinta; reconocerla tras un cambio como ese era algo que solamente Sergei había logrado; el fundamento de su éxito, esa habilidad que ni siquiera él se podía explicar del todo.
    Su firme postura ocultaba por completo sus sentimientos encontrados, su miedo al saber lo que aquel ser era capaz de hacer, respeto al verle como un reto al que era digno enfrentarse, orgullo como cada ocasión en que encontraba a tan escurridizo blanco, nerviosismo por su incapacidad para orquestar como quisiera a los temerosos pero arrogantes soldados, adrenalina al imaginar que esa podría ser su encuentro definitivo con Linhhn-i.


    Los escasos últimos rayos de sol entraban por la ventana del cuarto de Fiorella quien desde su silla tras el escritorio miraba a Lin quien desde la terraza observaba de manera solemne al astro rey desapareciendo en el horizonte.
    Los ojos de la joven residente desbordaban curiosidad, su firme pose contemplativa se rompía por instantes en los que casi reunía las fuerzas para hablar, un “casi” que concluía retomando su posición.
    -Y...dime, la chica del retrato, ¿es como tú?
   -¿Retrato?-
   El cuestionamiento de la visitante toma por sorpresa a su interlocutora quien titubea tras su automática pregunta. Lin pasa su mirada a Fiorella para luego dar unos pasos al interior de la habitación, dentro señala una fotografía colocada sobre un corcho, en ella aparecían Fiorella y Marie de hace algunos años.
   -¿Marie?...bueno, ella...es muy buena, y muy amigable...quizá...
   -Me cuesta trabajo creer que seas la única con creencias así, los humanos no suelen ser únicos, se agrupan, por su color, por sus miedos.
   -Pasando por alto que eso puede ser considerado como ofensivo, debo decir que entiendo de qué hablas, pero no, en realidad discuto mucho con otros humanos por mis ideas, muy pocos coinciden con ellas.
   -¿Y dónde están esos otros?
   -¿A qué te refieres?- La pregunta parecía haber golpeado a Fiorella en el pecho.
   -¿Por qué no se agrupan? ¿por qué todos esos que piensan como tú no están cerca?
   -Pues ellos...no...muchos sólo los conozco por Internet, no sé quienes son en realidad sólo sé sus ideas y...
    -¿Esa máquina frente a la que pasas todo el día es Internet?
   Por un momento aquella pregunta parece infantil a los oídos de la estudiante de ingeniería, sin embargo rápidamente se contextualiza e incluso se siente aliviada al desviar la atención de aquél tema anterior que había dejado en ella un sabor amargo.
   -Pues si y no, en realidad el Internet es el conjunto de muchas máquinas como ésta en todo el mundo, casi todos los aparatos modernos son parte de Internet.
   -Es decir que en ella puedes ver lo que pasa en otra máquina igual en otra parte del mundo, ¿como el teléfono?
   De nuevo, la primera impresión de Fiorella sobre el cuestionamiento es su aparente infantilidad, sin embargo, una ágil reflexión de la joven le hace entender que aquella analogía de hecho era en buena medida válida.
   -Si, se parecen un poco, aunque pueden comunicarse varias máquinas a una sola, y viceversa; así como que pasan más cosas que solamente voz.
   -Ya veo, ¿y ver todo eso que ocurre en otras máquinas del mundo amerita horas de tu tiempo? ¿No podrías ir a verlo por ti misma? ¿Reunir a las personas que están en aquellas máquinas?
   El encuentro era ya impredecible para la habitante de la casa quien sucumbe ante el por demás lógico cuestionario de su visitante.
   Cada pregunta parecía cimbrar algún fundamento del comportamiento de la anfitriona que luchaba por no debatir, por no perderse en respuestas que ella misma dudaba tener en ese momento. La mirada de la visitante sin embargo no era inquisitiva, de pronto pareciera no tener prisa alguna en escuchar respuesta.
    -No soy muy buena para charlar, ¿cierto?- Dice la joven de ojos ámbar regresando a la terraza para contemplar la joven noche en el horizonte. -No sé qué caso tiene; no del todo.
    Esas últimas palabras le traen un pesimismo difícil de ocultar a quien las escucha; quien no tiene si quiera tiempo para reaccionar antes de escuchar la continuación.
    -Quiero entender por qué mi padre me pidió que contara mi historia; solo sigo su instrucción por honrar su memoria pero no veo el caso de que lo haga, ¿hará cambiar a los seres humanos? No lo creo, les he visto cometer los mismos errores incontable número de veces, pareciera que no aprenden como los demás animales, sé de sus capacidades cognitivas, sé que su capacidad cerebral es distinta a la de otros, pero parece que solo un puñado de humanos lo usan para aprender de sus errores, y además parece que todos los demás los odian por hacerlo. ¿Por qué se envidian tanto unos a otros? ¿Cómo es que no entienden que son iguales? ¿Por qué olvidaron lo que es una manada? ¿Un ecosistema? ¿Para qué tienen palabras para cosas que no entienden?
    Aunque el discurso crece apasionado el semblante distraído de quien lo pronunciaba no se altera mucho; contrario al de quien la escuchaba pues su gesto variaba con cada palabra, Fiorella parecía sumirse cada vez más en los pensamientos provocados que revoloteaban sin control en su mente.
    El silencio se prolonga un rato, despejando su propia duda la joven de gafas se decide a hablar.
    -Dices bien, no entendemos, pocos humanos entienden de verdad el mundo, pero hemos llegado a ser tantos y hemos complicado tanto las reglas de supervivencia para nosotros mismos que la mayoría pasa todo el tiempo usando su cerebro para nada más que sobrevivir.
    -¿Y de qué les sirve ser tantos si ese parece el origen de todos sus problemas? ¿Para qué se reproducen en tal medida?
    -No lo sé, el amor es algo que no manejo con mucha maestría que digamos.
    -No los entiendo, he visto a millares de humanos, he hablado con decenas, pero a penas a un puñado he decidido charlar y a penas unos cuantos parecen diferentes del resto.
   -¿Has hablado con más personas?
   -Todas ellas antes de ir al mar.


   Linhhn-i dormitaba sin aparente cambio, los segundos que Sergei la contempla le parecen horas. Al cabo de un minuto se lleva la radio cerca al rostro, presiona el botón de hablar con lentitud casi quirúrgica, habla:

  -A mi señal abran fuego: tres... dos... ¡ahora!