"Aztlán es la cuna de nuestra civilización y el punto final en el viaje de la misma, una metáfora más que un lugar físico, cada paso que damos quienes portamos la sangre azteca, es entonces, una frontera más de Aztlán"
7 feb 2018
28 oct 2017
Capítulo ?: NYSM
Capítulo ?: NYSM
Restaurado Imperio Diplomático Méxcio-Tenochtitlan, Distrito
Federal
(99.28ºO, 19.34ºN)
15:35 - 24/nov/2010
Fiorella
maneja hacia su escuela en un estado reflexivo; las preguntas de su
extraña huesped no dejaban de darle vueltas en la mente; el discurso
detrás de ellas, la lógica requerida para llegar a las conclusiones
era poderosa e infalible; la perspectiva con que Lin miraba el mundo
escapaba aún de la comprensión de la joven ingeniera quien ponía
todo su empeño en redactar respuestas válidas en defensa de la
humanidad.
-Y yo que siempre me he quejado de nosotros los humanos, ¿ahora
estoy defendiendo nuestros usos y costumbres? ¿Cómo se supone que
haré eso? ¿Por qué quiero hacerlo?... ...¿Quiero hacerlo?
La joven estudiante de ingeniería prestaba atención mecánica a sus
labores en tanto su mente intentaba descifrar las reglas de un juego
que parecía haber podido costarle la vida más de una vez y que, muy
a pesar de lo intrigada y emocionada que estaba por jugarlo,
representaba un desafio a sus ideales e inteligencia que no podría
igualar nunca en la vida. -Es tan frágil, puede desaparecer como
llegó, y nada puedo hacer. ¿o si?
La interacción con Marie en alguna de sus clases siempre lograba
levantarle el ánimo y distraerle de los a veces oscuros rincones de
su pensamiento, sin embargo aquel alivio era temporal, como aquél
que Isis también sabía darle.
-¿Qué te pasa Fio? Estás como ida. ¿Tienes algún problema?
-No es nada Marie, meramente estoy pensando en cómo arreglar el
mundo como siempre.
-Entonces cada vez estás peor de loca amiga, porque es la primera
vez que tu filosofía te deja una mancha de salsa en la blusa.
-¡¿Qué?!- Se pregunta la aludida con un pequeño sobresalto pues
ciertamente se había ensimismado al punto de dejar caer un bocado de
comida de su prolongadamente estático tenedor. La mancha verdosa
sobre su brillante amarilla blusa no era del tipo que pasara
desapercibida, por lo que tras fallar en limpiarla con una servilleta
su lenguaje corporal la delata buscando otras soluciones de manera
casi cómica.
-En serio te pasa algo, llevas una camisola en la cintura tontita,
manera en la que has vestido desde que te conozco.- La francesa
continua en su tono gentil voz con una sonrisa amable pero una clara
mirada de preocupación. -¿Tu familia?
Fiorella cruza y fija su mirada en la de su amiga, se sabe
acorralada.
Los años de su amistad no habían pasado en vano pues conocían
mutuamente la mayor parte de las dificultades en la vida de la otra,
sus expresiones, sus ideales y hasta sus miedos.
La joven aspirante a economista admiraba el temple de la desaliñada
y aveces hasta varonil estudiante de ingeniería puesto que parecía
que nunca nada la sacaba de quicio, la asustaba o la deprimía,
excepto claro la disfuncional relación con su familia más cercana,
principalmente su madre; pues solamente en situaciones que la
involucraban a sus parientes la había visto flaquear y titubear.
Fio sabía que era demasiado tarde para una mentira a medias, si su
mejor amiga le había mencionado el tema de su vida que se acercara
más a ser un tabú es que sus pensamientos habían escapado ya de
contención.
-No, no es sobre ellos, es un asunto completamente distinto en
realidad...-Expresa la chica de anteojos mientras se coloca la
camisola y deja caer sus hombros. -Sin embargo, no sé cómo...
-¿Isis está involucrada?
-No, no ella...- Hace una pausa al mirar la creciente preocupación
de su amiga. -Con ella todo bien, de verdad, estamos muy bien, es muy
divertido tenerla de roomie. Así que no te preocupes, no es algo
grave y disculpa que te asuste. Estoy bien.
-Sabes que cuentas conmigo, para lo que sea que pueda ayudarte, no
dudo que seas muy capaz e resolver todo tú sola, pero a veces el
resultado es mejor o menos desgastante si se hace con ayuda.
Aquellas últimas palabras eran una cita de algo que la propia
Fiorella le hubiera dicho a su amiga alguna vez años atrás por lo
que le caen con un sabor agridulce que sin embargo le reafirma por
completo su amistad.
Dirigiendo con cierto alivio una sincera sonrisa, Fio le toma la
mano a Marie por sobre la mesa y le agradece sus palabras para luego
reanudar su comida con charlas mucho más frívolas que concluyen en
un plan para salir juntas el fin de semana.
Horas más tarde camino a casa la joven conduce precavidamente para
poder así dirigirse un monólogo que se extiende cuanto el tráfico
le permite.
-Marie e Isis son extrovertidas, piensan poco antes de decir las
cosas, simplemente las dicen, obedecen sin embargo reglas básicas de
convivencia para evitar lastimar u ofender, son divertidas, son...
naturales. ¡Esa es la diferencia!- Dice en crescendo para si la
joven conductora mientras recorre su habitual camino a casa -Fio,
Fio, cuadras demasiado tus palabras a lo que crees que te van a
responder, siempre intentas adelantarte a las respuestas, eso no va a
funcionar con ella, no le vas a ganar, no la entiendes- Continúa
esta vez disminuyendo su volumen y su emoción. -No la entiendes...
Dolor, mareo, hambre, sed, frío, el cuerpo de Sergei no hace más
que darle malas noticias su mente se encuentra devastada al saber que
su presa en realidad nunca lo fue, sus condecoraciones y logros
parecen derrumbarseante su mirada en el negro vacío de la cueva en
que La Mantícora parecía mantenerlo cautivo , se trata de refugiar
en sus hazañas del pasado, busca incluso creer que la creatura le
miente, quiere despertar repentinamente creyendo aquello era
solamente un sueño causado por su autoinflingida odalía, que la
falta de sueño y su obsesión eran la causa, lo deseaba al punto de
murmurarse a ratos “despierta”, pero no era así, el gélido
abrazo del viento de Siberia le recordaba la realidad, la ausencia
total de sonidos en la cueva no le podía garantizar la creatura no
estuviese allí, observándolo, sin embargo se sentía idiota para si
quiera reanudar la conversación con ella, las últimas palabras que
había pronunciado le habían caído como un peso inamovible que lo
clavaba en el suelo y le sellaba los labios, finalmente logra escupir
quedamente palabras que le pesan, que se arrastran sobre su cuerpo
aumentando el ficticio peso.
-No te entiendo, creí que lo hacía…
-¿Para qué quieres hacerlo?
-No lo sé, porque te admiro, porque eres imposible, porque tú…
eres… tú.
Un silencio se prolonga entre ambos mientras él ignora por completo
la causa y la oscuridad no hace más que añadir incertidumbre.
Sin ruido alguno de la cueva emerge Linhhn-i, su mirada dubitativa,
la luz de la Luna baña su desnuda silueta decorada por emergentes
plumas azules que resplandecen bajo sus brazos y en una larga cola,
sus músculos adelgazan volviéndose delgados como si hubiera a penas
hueso bajo su piel mientras las plumas crecen alcanzando gran
longitud y su color se oscurece hasta que el azul se convierte en un
reflejo sobre una superficie prácticamente negra, su rostro se
estrecha y su cráneo se alarga de a poco, su antes humanamente
escultural torso se reduce a un visible costillar carente de senos.
En el interior de la cueva Sergei el extenuante silencio se rompe
con un silbido grave y potente que se hace acompañar por una ráfaga
de helado viento, ya por curiosidad, o por instinto él sigue a gatas
y tientas el origen del viento consiguiendo así salir, lo recibe el
paisaje desolado de la tundra y el silencio sepulcral del mismo, no
hay rastro de la creatura, por un momento se siente tentado a
llamarla de un grito, pero se percata que no sabe qué palabra usar
puesto que ella no tiene nombre, repara en gritar por auxilio también
temiendo la ira de La Matícora.
Llegar a casa le ofrece poca tregua a sus pensamientos, Fiorella
sube las escaleras como si cada peldaño simbolizara una pregunta sin
respuesta, la rítmica y alegre música proveniente del cuarto de su
compañera es una distracción que no se puede permitir, avanza con
pesadez hasta su recámara donde deja caer su mochila con a penas el
menor cuidado que la computadora en su interior requiere para luego
desplomarse bocabajo sobre la cama, suspira fuerte contra las telas
que le responden calentándose sobre su rostro, pasa casi una hora
antes de que dé nuevamente señal de vida. Como propulsada por un
resorte salta y corre a su escritorio a encender la computadora allí,
sus manos ágiles teclean una lluvia de caracteres que tras unos
minutos la dejan pasmada ante el hipnótico parpadeo del cursor al
final del texto:
“Conocí a un extraterrestre, él es sabio, astuto, muy
inteligente y aprende muy rápido, ¿Cómo le explicaré el mundo,
las costumbres, defectos y virtudes de la humanidad? ¿Cómo hago que
se interese por saber más? ¿Cómo hago para mantenerlo interesado
en...”
-Mi charla…- Tras un largo momento de contemplación borra el
texto, comienza de nuevo.
“Si ustedes conocieran a un extraterrestre que saben es mucho más
inteligente y sabio que un humano, ¿qué le preguntarían?, ¿de qué
charlarían con él?”
Ágilmente vuelve a borrar.
“¿Qué le dirían a dios si les preguntara sobre la humanidad?
¿es buena, es mala...”
El silencio vuelve por un momento más, esta vez también con la
intención de borrar el dedo de Fiorella se queda suspendido sobre la
tecla.
-No, no no...¡ah!- Refunfuña frustrada dejando caer el índice
sobre la tecla de borrar hasta acabar de nuevo con una caja de
comentarios vacía y ese tintineante cursor que ella siente como un
desafío. -Fiorella, es tu problema, no el de Internet, eres tú
quien quiere que se quede porque eres una egoísta acaparadora...-
“...egocéntrica, maniática del control e insegura de si misma
que no sabe cómo hacer amigos y quieres hacerte amiga de la persona
más imposible del mundo para tener una pinche amistad porque
básicamente es dios y su existencia es imposible y tú eres
aburrida, común, normal y lo mejor que podrías hacer es simplemente
resignarte a que eso no va a cambiar y tu vida va a seguir con o sin
LIN!!!!!!!!!!!!!!!11!!!!!!!!!!!111111 fdgksfgjádi+açf”
Abatida por el peso de su propio monólogo convertido al vuelo en un
texto se levanta de su silla para mirar por la ventana, un instante
más tarde entra su compañera de casa alegremente.
-¡Vamos a cenar!
-Hola Isis, ¿Qué plan tienes?- Contesta la joven que miraba
perdídamente el horizonte.
-Quiero unos tacos de los de la casa azul- Dice quien irrumpiera
mientras merodea a espaldas de su interlocutora llegando hasta
sentarse ante la computadora. -”...eres una maniática del...”-
Lee las letras de la pantalla lo que alarma y hace a Fio reaccionar
de inmediato para correr a apagar el monitor.
-¡No leas!
-Perdón, no sabía que tenías tu diario “nerd” en tu
computadora- Contesta la rubia sin dar mayor importancia. - ¿Tacos?
-Vamos por tus pinches tacos.- Replica Fio aliviando de a poco el
sobresalto.
-Tú pagas por decir groserías en este hogar de buenas costumbres.-
Isis se levanta alegremente y con aire triunfal.
Sergei calculaba por cuanto la Luna se había movido que llevaba
casi una hora tendido a la entrada de la cueva cuando la silueta
alada y esquelética de su captora desciende ante él cargando con
las garras de los que fueran sus pies una canasta con papas y pan así
como un rollo de cobijas.
-¿Qué necesitas para encender fuego?- Dice casi imperativa la
creatura de inhumana apariencia.
-Madera...seca…-Titubea él.
Sin decir otra palabra la aviar presencia deja su carga y alza el
vuelo de nuevo.
Reparando
por un instante como si hubiera querido decir más el hombre se
apresura a tomar las cobijas y la canasta para luego entrar a la
cueva unos pasos adentro, donde ya no había nieve; se envuelve en
las cobijas mientras da mordidas a una hogaza de pan, “un dolor
menos” piensa para sí.
Al
cabo de un rato la silueta de “La Mantícora” aparece en la
entrada de la cueva otra vez, el único espectador presta gran
atención a los detalles, la silueta aviar cambia de vuelta a la de
una joven mujer, el brillante contorno bañado por la Luna hace que
aquello luzca mágico para él, un hombre que se jacta de vivir
puramente de la razón y la lógica se descubre a si mismo sintiendo
una presencia divina e imposible ante si.
-Seguramente
así es como luce dios- Dice quedamente mientras el sonido huevo de
algunas rmas y finos troncos al caer resuenan en los muros de piedra.
Los minutos que le toma a Sergei encender el fuego se diluyen poco a
poco en las horas de silencio que le siguen, ella contempla sin gesto
alguno cada acción, él hace lo posible por evitar devolver la
mirada.
-El humo hará que alguien venga…
-Es probable, pero no buscando a “La Mantícora” porque yo no
uso fuego, te buscarán a ti y les dirás que he muerto que me
mataste.
-¿Qué?, No hay manera en que ellos crean eso.- El hombre toma otro
pan, la joven, una papa.
-Tienes
que convencerlos, quiero que dejen de perseguirme para siempre y
ahora sé que la única manera es que me crean muerta, así que
puedes hacer lo que te digo.- Sin pausar la voz femenina cambia para
imitar perfectamente la de Sergei -...o simplemente voy a hacerme
pasar por ti luego de pulverizar hasta el último de tus huesos para
que no puedan encontrarte a ti.
-¿Por
qué no lo hiciste así antes? Te he visto cambiar antes pero nunca
dejas de ser…
-¡Porque detesto ser humana!- Interrumpe ella con su propia voz.
-Lucir humana, darle importancia a los humanos, convivir con ustedes
me repugna. Yo soy yo.
Un
silencio ocurre, la mirada de la mujer salta entre enojo y reflexión,
escucha en su mente una y otra vez las palabras de aquél a quién
llamó “padre” como en otras ocasiones, “Tú eres tú”, pero
en esta ocasión la cálida voz de Fermín se alternaba con la
delirante y tenue voz de un Sergei al borde del desmayo. Sabía que
no había similitud, que los individuos no podían ser más
diferentes pero también sabía con seguridad que ambas ocasiones se
trataba de palabras honestas llenas de sentimientos complejos, sus
agudos sentidos y su privilegiada memoria le recordaban a detalle los
aromas, sonidos y los más tenues gestos de cada uno de esos
momentos, los años de escuchar a sus padres mentir ante otros y
serle honestos a ella la habían entrenado para distinguir más allá
de las palabras las intenciones de los humanos. Se levanta y sale a
la nieve, camina, mira la Luna, mira los árboles y aguza el oído
vigilando los alrededores, pero nada la aleja de ese pensamiento
positivo sobre los humanos que tanto desprecia.
Ágil
y silenciosa Lin salta por los tejados siguiendo y escuchando a
Fiorella e Isis quienes a píe van en busca de la cena, su
conversación mundana sobre sus actividades del día, la larga lista
de pretendientes de la rubia y la corta lista de amigos de la
ingeniera, nada de particular interés para la oculta observadora, al
menos no en sus palabras, eran las reacciones en sus cuerpos lo que
ella buscaba, entender el lenguaje humano más allá de las letras,
ese que ni ellos mismos conocen pero que para ella representaba la
única honestidad que aquellas creaturas podían ofrecer.
Las imposibles acrobacias de la espía terminan en el techo de una
casa de tres pisos desde donde observa a las dos jóvenes llegar a un
bullicioso local de comida a pié de calle frente a su puesto vigía,
aromas de aceite, carne, basura, sudores, especias y tantos más
llenan su nariz, no le es nuevo pero una mueca denota que tampoco le
es grato, luego su atención se alterna entre sus objetivos y los
otros comensales de quienes analiza cuanto puede, ninguno luce
peligroso o violento, en ese momento al menos, no hay rastro de esa
crueldad inherente pues a pesar de que la carne que comen es de un
animal que sufrió en vida, parecen simplemente ignorarlo, no pasa
por sus mentes.
-Quizá
no son solamente malignos, más bien son casi siempre tontos.- Se
dice a si misma.
La
valerosa joven que había defendido a un gato sin saber que
arriesgaba la vida era una más en la multitud, nada la hacía
extraordinaria en aquel momento ante el juicio de LINHHN-i.
Un
par de horas más tarde de vuelta en su casa Fiorella e Isis
comienzan sus rutinas previas al sueño en sus respectivas
habitaciones sin saberse bajo escrutinio, la ansiedad de la primera
el mayor interés.
Desde
el tejado, recostada mirando el cielo como en otras ocasiones, Lin
cuenta las pausas largas en el movimiento y los suspiros de la humana
con quien había decidido abrirse, le escuchaba arrastrar los pies y
economizar los parpadeos, su manos inquietas rascando y rozando sus
cabello, su rostro quizá, entre si, las almohadas; su cuerpo
cambiando de posición una y otra vez; espera eventualmente poder
entenderla a través de esa honestidad biológica.
Por
la mañana Fiorella se sale en su regular itinerario, pero se detiene
a penas cierra tras de si la puerta pues en las escaleras de salida
mira a Lin sentada siete escalones abajo mirando en la dirección
opuesta pero claramente esperando a su anfitriona; titubeando
continúa su camino.
Seis
escalones, “¿Cómo la saludo?”, la joven de gafas mira a la otra
quien ni se inmuta; cinco escalones, “¿Será que...?, no, seguro
que sabe que estoy bajando, no seas tonta”, instintivamente revisa
llevar su celular y llaves del auto; cuatro escalones, “¿Me pedirá
que falte el día de hoy? ¿querrá hablar?”, percatándose de que
está bajando despacio acelera un poco sus pasos; tres escalones,
“¿Habrá
ocurrido algo?,
ajá,
y necesita tu ayuda, ingenua”;
dos
escalones.
-Hola
Fio.
-Hola.
Un
escalón, “Viene a despedirse...se acabó, fallé”.
En
un movimiento preciso, a los ojos de la espectadora parece incluso
ensayado, la mujer de negra cabellera enmarañada se levanta, acto
seguido dirige la mirada atrás para cruzarla con la otra presente.
En
el mismo escalón se miran dos personas, una con miedo al rechazo
inminente, la otra con un gesto que toma por sorpresa a la primera,
una cálida sonrisa franca, simple, amistosa, “¿Te quedarás?”,
se pregunta Fio en un instante en que no entiende nada, de esos que
se han hecho constantes desde la aparición de la misteriosa fugitiva
imposible.
1 dic 2016
Mis amantes, los dioses.
"La mañana me trae como regalo los primeros rayos del sol que cálidos se sienten como besos que nacen, danzan y se disipan, primero sobre mis descubiertos hombros, luego se abren camino con tibiamente a través de las delgadas sábanas de blanco satín que me abrazan. Cedo. De a poco descubro mi cuerpo para recibir en él el regalo de este amanecer en que pertenezco a la brisa. Mientras Hermes me besa el cuerpo Eolo me regala el perfume de húmedas hierbas y tierra que cerca están de ocultar el aroma de las rosas en mi ventana. Sigo deslizando las sábanas poco a poco, moviéndome cuan suave y lento puedo hacerlo puesto que no quiero ahuyentar los brazos de mis dos divinos amantes aún, quiero me crean indefensa y aún dormida.
La tela fluye como un riachuelo descubriendo mi pecho, mi vientre, mi cadera, hasta ahí alcanzan mis brazos, ahora los rayos del sol pueden tocar mis brazos, mi cuello, solamente la seda de mi blusa les oculta parte de mi, pero no mucha puesto que el escote a penas salva la más sensible de mi piel, descubre mis clavículas y llega a la mitad entre mis senos que se sonrojan sensibles ante la luz que los acaricia, debajo, la frontera de la mentada prenda descansa dividiendo mi vientre justo sobre el centro de mi, su delicado peso y paño separan los dedo cálidos del sol que revolotean por mi abdomen de los meros murmullos tibios que la seda deja pasar sobre mis ocultas costillas.
Ya asoma de las huidizas sábanas una de las prendas que resguarda mi intimidad, seda del mismo paño que mi blusa, un aperlado color champaña, los pliegues del elástico que la ciñen apenas bajo mi cintura destellan al azar con el característico brillo de esta tela tan mía. El brillante sol no me deja mentir, la otra prenda debajo luce a penas como un espíritu color plata que falla intentando ocultarse bajo la leve y difusa transparencia de la seda. Hermes me mira. Yo sigo fingiendo cuanto puedo que duermo, pero la seducción de los tibios besos de luz y las frescas caricias del viento tienen mis nervios alerta, despiertos, se sienten como si se abrieran paso unos con otros para llegar a flor de piel, y allí ansiosos quisieran brotar como césped, pero no es así, pues el fin vello que me cubre ya cumple esa misión, se ondea en el vaivén del viento mientras comparte su alegría con la piel, no puedo evitarlo, se eriza a ratos, cede, vuelve. Lucho por mantenerme inmóvil, ojos cerrados, labios entreabiertos que desean morderse, cabello que cae como enredaderas por doquier, que con sutiles roces me recuerda su existencia como si soñara por si miso ser la corona de una gorgona.
Serán mis piernas entonces las que continuen el trabajo de mis brazos y me dejen descubrir mi cuerpo entero sigilosamente. Despacio, grácil, asciende una, desciende la otra, soy como un grillo haciendo silenciosa música con notas de roces entre mi piel y el satín. Para este momento mi respiración temo me traicione, pues deja de a poco la calma y se enciende en una escalada cuya cúspide conozco, pero la controlo aún, espero, pues sé sin mirar que la media luna que es contorno de mi busto oscila ya creciente y menguante.
Minutos se sienten como horas mientras hago consciente cada sensación en mi cuerpo, piel, tela, sol y viento, mi corazón que rápido palpita, mi respirar hondo pero silencioso, mi lenta pero firme danza para descubrirme de cuerpo entero, todo cruza por mi mente que teje esta mañana en una experiencia como ninguna antes, tan simple, tan compleja. La sábana ha corrido hasta mis rodillas.
El corte del short, a medio camino de ser una falda. La prenda se aferra a mi por arriba y se holga sobradamente para dar paso a mis piernas, a penas un delgado corte de tela cruza entre ellas de adelante atrás, impredecible y siempre asimétrica se acomoda sobre cada pantorrilla, incluso en una aún más arriba, lo sé porque el Hermes no pierde tiempo y recorre toda la piel desnuda que encuentra, mientras Eolo busca los requisios entre los pliegues de la volátil tela y acaricia debajo de ella topándose incluso con el color plata debajo, lo siento, su ligera caricia me estremece un poco. Resisto aún.
La sábana ha llegado al final de su camino, se envuelve en sí misma a mis piés, mismos que la acarician, lentamente, en agradecimiento a su dócil flujo, el sol se apresura sobre mis empeines dejando a mis frías plantas celosas del calor hasta que la brisa cosquillea en ellas como reconfortándolas, mis dos dioses amantes parecen ya tomarse de la mano pues la brisa es tibia, y los rayos solares abrasan con menor fuerza. Ambos se miran uno a otro, sobre mi, sin palabras acuerdan seguir llevándome hacía el más dulce de los éxtasis: el de estar con vida."
Resulta que ese es un texto que pretendo forme parte del diario de una chica que asciende del pudor enfermizo a la realización y libertad como un ser humano completo que acepta, desata, enfrenta y logra domar sus emociones más íntimas y poderosas, un acenso en el que ella pasa de ser una participante en su vida, a la absoluta autora. Agregando así un proyecto más a la lista de "to-do". Es posible que esté directamente relacionado a una novela y no sea una isla.
22 ene 2016
Capítulo ?: Amar te duele
Ak dovurak, Rusia
(90.55ºE, 51.17ºN)
22:30 - 08/sep/1979
Un
apacible y silencioso pueblo se estremece con múltiples detonaciones
de rifles de alto calibre, el eco recorre las contadas calles yendo
de un lado a otro entre muros de piedra y ladrillo llegando hasta los
árboles del bosque circundante haciendo que algunas aves levanten el
vuelo desde las copas.
Ante los incrédulos ojos de Sergei y desde lo alto de un árbol,
cae Linhhn-i tras recibir al menos tres disparos de casi una
veintena de intentos casi simultáneos, aparentemente inerte debido a
la torpe postura con que se aproximaba al suelo colisiona incluso con
algunas ramas que relentizan su precipitación. La reacción del
hombre es cuan rápida le permite su cuerpo, pues sale de su
resguardo dando una brusca orden por radio al tiempo que se apresta
una pistola y aproxima al siguiente árbol cubriéndose tras él por
a penas un instante antes de ir al siguiente., sin embargo en un
parpadeo la creatura cambia su postura a centímetros del suelo para
colocarse en cuatro patas como acechándole pues clava en él su
mirada tan rápido que lo congela de temor y a penas medio cunbierto
tras el segundo árbol.
-Tú otra vez, ¡¿Cómo me encontraron?!- Habla entre rugidos La
Mantícora causando que Sergei no pueda hacer más que tragar saliva
mientras tira su arma al suelo incapaz de articular palabras o de si
quiera hacerse obedecer por su cuerpo. -¡Responde creatura
despreciable!, ahora sé que eres tú quién los guía- Continúa
severamente aquél imponente ser que a paso lento se aproxima
cambiando al paso su anatomía humana para transformarla en aquella
que le hubiese ganado el apodo.
En la distancia ya se escuchaban vehículos en movilización,
algunos disparos más llueven sobre el ser homínido quien claramente
recibe algunos en el cuerpo sin si quiera parpadear o cambiar la
velocidad de su avance.
-¿Creías que me cazabas?- El rostro, ya distante del de una joven
humana, de la felina creatura mostraba enormes colmillos que se
asemejaban a una sardónica sonrisa.
En aquel momento Sergei entiende que su fracaso iba más allá de
unos cuantos segundos atrás, no había sido salir de su cobertura;
al menos ese día él había sido la presa desde un principio; volvía
tras sus pasos y se arrepentía de su arrogancia, de su descuido que
si bien debía existir no podía descubrirlo ahora en su turbada
mente que poco a poco cedía ante la sobredosis de adrenalina.
Los vehículos se escuchaban más cerca cada vez y sus motores le
hacen al hombre recobrar conciencia por un instante en el que trata
de dar media vuelta para emprender la huida, pero su cuerpo pierde
repentinamente toda espacialidad, su respiración se corta de tajo y
su vista se nubla, como si de un sueño se tratara breves destellos
de imágenes del paisaje cruzan aceleradamente frente a sus ojos, su
cuerpo sufre una contusión tras otra sin que pueda entender qué
está pasando.
Desde sus miras telescópicas un par de soldados presencia una
escena que raya en lo absurdo y les deja pasmados: En a penas un
instante La Mantícora se había lanzado sobre Sergei Okhotnikov
apresando con las fauces su cuello emprendiendo de inmediato una
frenética carrera hacia lo más denso del bosque sin soltar el
cuerpo del investigador como si de un lobo y un conejo se tratase,
los disparos cesan más por confusión que por proteger al hombre
mientras la cazadora y su presa se pierden en la distancia tras una
breve pero inútil persecución de un par de vehículos militares que
quedan impedidos por una escarpada colina que su objetivo escala
velozmente sin dificultad.
Sergei de a poco recupera el conocimiento, con él recobra
sensibilidad en el cuerpo siendo así azotado por dolores en cada
extremidad, su piel arde, su pecho le duele al inhalar, sus sentidos
le dan información parcial y espaciada mientras abre lentamente los
ojos que sin embargo le revelan una oscuridad total.
-Menos mal que no estás muerto, necesito hacerte muchas preguntas
antes de que lo estés.
La voz es inconfundible para él, aunque a penas la había escuchado
distantemente un par de veces. Su castigado cuerpo le dificulta
moverse, la oscuridad además le hace obviar la falta de propósito
de intentarlo sus oidos le decían la creatura se encontraba a poca
distancia en la dirección de su cabeza, su primer intento por
corresponder la comunicación cesa por el dolor en su pecho que ya se
extendía al cuello y se apaga en una breve tos.
El silencio se prolonga, el detective se sabe indefenso y
simplemente se procura reposo mientras a tientas se inspecciona el
cuerpo.
-¿Qué buscas? No tienes ni armas ni la caja de ruidos.
-Radio.- Contesta quedamente Sergei. -Pero en realidad me busco
heridas.
-¿Cómo me encontraste? ¿Cómo me haz encontrado tantas veces?
-Eres un animal... ...muy listo, pero joven aún. Y mientras buscas
ese “algo” en los pueblos dejas rastro...
-¿Y tú qué eres?
El hombre nunca pensó estar en esa situación, nunca creyó poder
hablar con aquella creatura, su objetivo había sido claro desde el
principio, ayudar en su captura o en su defecto exterminio, en su
mente el último encuentro con La Mantícora sería muy diferente
pues era simplemente una presa más para él, un caso más que
resolver, un rastro más que seguir.
Cuando recién se involucró en esta cacería los militares le
habían hablado tanto del ser pero le habían mostrado tan poca
evidencia que le resultaba imposible creer en la existencia de tal
experimento, le argumentaban que la base militar de la que había
escapado había sido tan dañada que los trabajos de recuperación de
información aún meses después continuaban, que nadie había
sobrevivido en aquél lugar, que quedaban a penas unas pocas
fotografías a medio quemar, unos documentos muy extensos con nada
más que garabatos científicos que los militares poco
apreciaban. Sergei lo único que pensó en un principio fue que se
trataba todo de una elaborada táctica de reclutamiento para alcanzar
niveles más interiores en los círculos secretos de la inteligencia
militar. Sin embargo finalmente la vio, una calmada tarde en un
bosque dio casi por coincidencia con un rastro de huellas que lo
llevaron a encontrarse por primera vez, aunque a cientos de metros de
distancia, con la creatura que había sido capaz de acabar con un
batallón completo en cuestión de horas.
Unos leñadores habían informado al ejercito de unas huellas
humanas en la nieve de apariencia tal que temían una persona
estuviera perdida en la tundra, siguiendo tal pista Sergei y una
escuadra militar dieron con una visión de principio les hizo reír:
una joven mujer de poco más de metro y medio que se desplazaba
torpemente en nieve profunda, dando saltos con descuido infantil en
dirección a una pequeña aldea anónima en los bordes de
Siberia. Sin embargo era claro que no era algo normal pues aquella
figura retozaba completamente desnuda en un clima muy por debajo de
cero sin ningún síntoma de molestia.
Sin escatimar en precauciones él y su séquito se acercaron a la
aldea seguidos del despliegue de media docena de vehículos en los
alrededores. Al internarse, las huellas en la nieve los llevaron a
una cabaña claramente habitada, a penas un momento tras haber
rodeado el lugar se escucha alboroto dentro, los habitantes denotando
una intrusión que poco dura pues cuando los soldados se aprestan a
entrar la creatura sale por una ventana vistiendo sencillas prendas
de dormir muchas tallas mayor pues le quedan holgadas al punto de
tropezar con ellas en su aterrizaje en la nieve a lo que uno de los
soldados reacciona disparando.
El certero tiro en el abdomen de la que hubiese lucido hasta
entonces como una inofensiva joven cambie por completo su apariencia
y postura, su boca se abre mucho más allá de cualquier límite
humano y sus encías pulsan llenándose de aserrados dientes, sus
orejas se estiran hasta asemejarse a las de un murciélago, sus
piernas crujen invirtiendo sus articulaciones mientras sus manos se
convierten en zarpas a la vez que su piel comienza adquirir un tono
grisáceo al tiempo que ruge con la potencia de un enorme oso.
Sergei contempla incrédulo a penas doblaba desde una esquina por lo
que se tiende al piso enterrándose discretamente cuanto puede en la
nieve mientras observa a la pesadillezca creatura recibir los
disparos del aterrorizado soldado que en breve es alcanzado por los
otros tres que le acompañaban, sin embargo, en un parpadeo, antes de
que otra arma se dispare los cuatro soldados quedan reducidos a
miembros y vísceras esparcidos por la pared y la nieve sin que el
único espectador se pueda explicar lo ocurrido, luego el abominable
ser cambia de nuevo su apariencia para asemejarse mucho a un canino
que de inmediato emprende carrera con dirección al exterior de la
aldea despojándose en el proceso de las desgarradas ropas que le
quedaban.
El inspector escucha disparos en las afueras pero lo ignora y se
apresura a entrar en la cabaña, en el interior una pequeña familia
se apretujaba en una esquina en un abrazo que denotaba terror más
por los disparos que por la intrusión, ningún herido allí, ningún
destrozo. Tras reconfortarles, Sergei, les hace varias preguntas y
ofreciéndoles dinero les pide omitir varios detalles si eran
cuestionados por militares.
-Yo soy otro animal, pero más viejo.
-¿Por eso me puedes rastrear? ¿Por viejo? ¿Cuando envejecen les
mejoran los sentidos?.
-En realidad se ponen peor pero no solamente gracias a los sentidos
un animal caza ¿o si?, requiere inteligencia.
-Eso es estúpido si el animal que pretendes cazar tiene más
fuerza, colmillos, garras.
-Si, ahora lo entiendo, no importaba cuando te hubiera encontrado,
simplemente no podía hacerte frente, esto no se trataba de mi
cazándote a ti ¿verdad?, creí te podía vencer con inteligencia.
-¿Por qué lo haces? ¿Qué ganas?
-Dinero, reputación, extender mi vida unos meses más, quizá
pudieron ser años.
-¿Extender tu vida? ¿Pretendías comerme?
-Figurativamente, pues atraparte o no hubiera cambiado el hecho de
que me mataran o no.
Las palabras del hombre se tornaban cada vez más reflexivas, no se
explicaba si el ensimismamiento se le venía por una inminente
pérdida de conocimiento o por una extraña sensación de
familiaridad que sentía debido a la voz cada vez menos agresiva de
su invisible compañía.
-Seré yo quien te mate.
-En retrospectiva, una muerte a manos tuyas es la mejor muerte a la
que puedo aspirar pues eres lo más hermoso que he visto en toda mi
vida.- Las palabras de Sergei se diluyen en un tono de dolor tanto
emocional como físico mientras queda inconsciente otra vez.
Dos soldados claramente de alto rango critican y vociferan sobre el
fracaso de la operación de Sergei, discuten acaloradamente ponerle
fin a su corta misión y de paso a su vida debido a la pérdida de
una docena de soldados.
-¡¿Y usted ileso?! Mis hombres valen mucho más que usted porque
tienen el valor de morir por la Madre Patria y...-
-Y simplemente ellos no la pueden encontrar, en meses no dieron con
la creatura, yo lo logré en una semana, si yo hubiera muerto no la
volverían a ver.
-Eso queda por verse Sergei, puede que lo estén protegiendo esta
vez, pero de cometer otro error así seré yo mismo quien arregle las
cosas.- Gruñe el soldado mientras acaricia la pistola en su
cinturón.
-La encontraré de nuevo, pero para su beneplácito, mande también
a sus mejores hombres, aquellos que crea capaces de hacer mi trabajo
y si la encuentran antes que yo con gusto vendré a que me dispare,
de lo contrario Mayor, le exigiré que me ceda los derechos para
decidir sobre la vida de sus tropas.
La actitud desafiante del detective estaba justificada en su extenso
currículum participando en la captura de criminales y desertores de
la guerra que el ejercito mismo no había podido atrapar además
estaba dispuesto a jugarse la vida puesto que tras ver de lo que era
capaz la creatura había desarrollado una inmediata fascinación por
ella, quería ver más, quería probar las capacidades del ser,
quería vencer a una creatura que parecía invencible.
Los encuentros se repitieron, en cada uno aprendió detalles del
comportamiento de su objetivo, cada vez que descubría de aquella una
nueva capacidad se llenaba de emoción pues sentía acercarse a
descubrir sus debilidades, verla se había convertido en un juego de
para él, pues se acercaba cuanto podía, se refugiaba bajo cuerpos
de soldados caídos para mirar más de cerca a la que ahora apodaban
La Mantícora.
Sergei sabía perfectamente que ya era presa de una obsesión que
sin embargo ocultaba de los soldados. La información, las borrosas
fotografías, los textos anecdóticos, todo lo repasaba por las
noches buscando detalles nuevos, formulando teorías, incluso trató
de descifrar los avanzados textos de Yuri Tereshkova recuperados del
laboratorio que había dado a luz a semejante maravilla; una
maravilla que él debía apreciar en silencio al mismo tiempo que
desafiándola
Una ocasión, recién concluido un encuentro con la creatura el
detective rondaba la zona de conflicto, varios soldados muertos
rodeaban el lugar, una visión que ya se le había hecho costumbre,
sin embargo un sobreviviente llamó su atención, un joven cadete que
parecía estar ileso sentado a cubierto en la llanta de un vehículo
murmurando frases rotas.
-Soldado, qué afortunado es.
-La Mantícora, es.. ...esa abominación...-El gesto del joven
estaba por completo descompuesto, su mirada perdida en el horizonte,
sostenía apretadamente un rifle que claramente ya no tenía balas
puesto que se le veía jalar el gatillo una y otra vez sin detonación
alguna.
-Si, esa cosa es aterradora.-Dice Sergei mientras comienza a
despacharse un cigarrillo. -Les tomará al menos media hora mandar
apoyo, mientras trate de calmarse para dar su versión de los hechos.
-Es humana... ...La Mantícora, es humana, habla, le habló a
Piotr...yo estaba...
Interrumpiendo sus acciones Sergei le dirige una severa mirada a su
interlocutor quien continua delirante y con la vista en el horizonte.
-Cadete, claramente le han dicho a usted que esa cosa no es humana,
que no habla ni interactua con los humanos. Solamente mata, de
acuerdo a lo que sus superiores específicamente le han dicho a usted
y a todos nosotros esa cosa no piensa, más vale que omita eso en su
informe o se arriesga a ser acusado de locura.
-¡Habla!...la maldita creatura es inteligente, justo antes de
matarlo dijo a Piotr que se había buscado su final por seguirla y
que...
Sin mayor advertencia el hombre en pié saca su pistola y ejecuta al
soldado para luego acomodar el cadáver en posición tal que luciera
como un suicidio.
-Como le decía esos datos va a tener que omitirlos de su informe
cadete, usted como todos simplemente está aquí para dispararle a un
animal, yo soy el único que puede hablar con ella, porque yo la
entiendo, y ustedes no, yo sé qué es y ustedes no.... Y más me
vale que siga siendo así.
Una bofetada despierta a Sergei quien aún resiente los golpes en su
cuerpo pero parece tener mayor movilidad; la recluida oscuridad de
antes había cambiado por la oscuridad de la noche en la que la Luna
iluminaba fuertemente, a penas se incorpora el hombre mira a unos
metros de si a la creatura recostada en el tronco de un árbol; el
dolor que había rescindido era remplazado por el violento frío.
-Creí que me ibas a matar.
-Si lo haré, pero aún no terminan mis preguntas. ¿Cuántos
humanos hay capaces de rastrearme como tú?.
-Eres puros negocios, ¿verdad?
-Responde mi pregunta.
-Nadie, solamente yo puedo.
-¿Cómo estás tan seguro?
-Nadie de quienes te persiguen es capaz, yo lo soy porque te
entiendo, sé cosas de ti que ellos no, te conozco desde que estabas
desorientada y eras tímida.
-¡¿Qué quiere decir eso?! ¿Estabas en Valhalla?.- Exclama
LIINHHN-i saltando de su reposo a una postura defensiva.
-Años persiguiéndote, y ellos nunca me dijeron el nombre de la
base. Es irónico que me entere de información clasificada
directamente de ti aunque se entiende porque hiciste bien tu trabajo,
no dejaste ni un testigo, incluso creo que deliberadamente destruiste
parte del laboratorio. Todo lo que realmente sé de ti es porque lo
he visto, he estado allí en cada ocasión, tras de ti, siempre
cerca, desde que jugabas a ser una niña en la nieve hasta ahora que
invertiste los papeles.
-¿Invertir los papeles?
-Si, yo creía que te estaba cazando a ti, y resulta que ahora yo
soy tu merienda, y sé muy bien que sin mi ellos no nos van a
encontrar. Estoy completamente jodido. Así que relájate chica
Mantícora y disfruta de torturarme antes de que el frío abrazo de
mi amada Siberia me mate antes que tú.
-Te regresaré a la cueva entonces.
-No lo hagas, ahí no puedo verte.
-No lo entiendo, ¿cómo es que verme te va a mantener vivo a pesar
del frío?
-A veces los humanos para mantenernos vivos necesitamos cosas que
nos matan.
-Eso es estúpido.- Concluye la joven arrastrando al hombre hacia la
aledaña guarida a lo que el hombre ofrece poca e inútil
resistencia.
Una vez dentro de su refugio:
-Ya puedo caminar no tienes qué hacer eso de nuevo.
-¿Qué es Mantícora?
-Un ser mitológico, una creatura que devora humanos.
-Yo no me los como, son asquerosos. Comería cualquier otra cosa
antes que humano.
-Si, a veces lo somos.- Concluye el hombre al tiempo que se pone en
pié y descaradamente sale a buscar nieve que derrite y bebe.
Sentados en un improvisado puesto de vigilancia dos soldados miran
temerosamente en la distancia; recién les informaron La Mantícora
había sido vista en dirección al pequeño poblado a sus espaldas.
Los relatos de la creatura basados en los escasos sobrevivientes ya
permeaban en todos los batallones de la región, aunque disparatados
y hasta fantasiosos se cristalizaban de manera muy tangible en los
cuerpos dejados trás los encuentros, despojos y pulpas de carne más
allá de lo que se reconoce como un ser humano lo que estaba incluso
causando intentos de decersión por el miedo que algunos sentían
tras mirar evidencias o escuchar de fidedignos testigos cuentos sobre
un demoniaco ser imposible sediento de sangre e inmune a las balas de
más alto calibre.
Tal era el caso de los dos soldados que a penas minutos antes habían
sido llevados ante un amigo muto de otro pelotón que hubiera llegado
al hospital del pueblo como único sobreviviente a un intento de
atacar al ser; él les había narrado con voz sollozante los horrores
que había visto. La pareja de sardos guardaba un sepulcral silencio
debido a que se sentían ambos incapaces de criticar u opinar de lo
que su amigo de infancia les había narrado, trataban incluso de
evitar mirarse mutuamente por largos minutos que fueron interrumpidos
cuando en la distancia se vio una silueta caminando sobre una
carretera casi tangente al poblado que defendían, el corazón les
dio un vuelco, imaginaban al ejercito de bestias que su amigo les
había descrito desbordar justo detrás de aquella distante figura.
-Es...es solamente una mujer...
El radio ante ellos comienza a transmitir las agitadas órdenes de
su superior.
-¡La Matícora se aproxima!, ¡Alisten armas!
Ambos apuntan mecánicamente sus rifles hacia el frente esperando
ver aquella horrible creatura, incluso intercambian comentarios de
preocupación por la indefensa chica allá afuera.
La radio vuelve a sonar, la voz que inicia les es desconocida, pero
obviamente discute con sus superiores con el micrófono
accidentalmente abierto.
-Atención a todas las unidades, ignoren la orden anterior, no se
abrirá fuego sobre la creatura.
-¡Sergei! ¡Usted no tiene jurisdicción aquí yo soy quien da las
ordenes!
-Ahora si tengo, mire usted el telegrama recién llegado, soy
responsable de todos los efectivos de la zona mientras estén en
posibilidad de capturar a la creatura.
El radio se silencia dejando a los dos soldados confundidos en un
tenor casi cómico que les da un respiro de su temor aparentemente
infundado.
-Atención todas las unidades, aguarden por nuevas órdenes.- Dicta
su superior en tono de frustración y la radio se silencia
definitivamente.
La joven que caminaba por la carretera se encontraba ya cerca de
cruzar por el punto más cercano al pueblo cuando un hombre de
gabardina se introduce en el puesto de vigilancia al lado de ambos
pero sin acercarse a la ventana de observación atrayendo de
inmediato su atención y las miras de sus rifles.
-Calma señores, no hagan alboroto, soy Sergei Okhotnikov, y estoy a
cargo de la operación para capturar a esa creatura.- Explica
señalando a la paseante del exterior.
-Usted no tiene...
-Silencio...- Interrumpe el investigador muy quedamente y continúa.
-Hay un hombre en el hospital allá atraás que solamente perdió un
poco la cordura y no la vida gracias a que escuchó mis consejos, si
quieren discutirlo con él adelante.
Ambos soldados quedaron petrificados, sabían exactamente a quién
se refería, por lo que ambos acatan permanecer en silencio y dirigen
una desconcertada mirada a la caminante.
-Con naturalidad comiencen a platicar, en volumen normal, lo que
sea, y dejen lentamente de mirarla. Si sale de la carretera en esta
dirección díganlo fuerte y claro.- Instruye el recién llegado al
tiempo que abre el micrófono de la radio del puesto.
Desconcertados acatan torpemente improvisando una conversación
repetitiva dando evidentes miradas al exterior.
La joven del exterior se detiene y mira hacia el pueblo, sienten un
escalofrío que no pueden explicar sino por la fuerte sugestión, el
instante les parece eterno, sin embargo cesa cuando ella reanuda su
camino sin dirigirse al pueblo.
-Le acabo de salvar la vida a todo tu batallón camarada, espero lo
sepas apreciar. Igualmente voy a necesitar dos vehículos y a quince
de tus hombres para seguir a la creatura.
La transmisión de tal mensaje hace estremecer a muchos soldados en
otros puestos, pero los dos centinelas se sienten engañados.
-¿Qué ha sido eso? ¿Una broma?- Comenta uno de ellos enfurecido.
-No, un simulacro; si las muchachas indefensas no te dan miedo
puedes unirte al equipo que irá conmigo a perseguir a la verdadera.
Regresando a la cueva para resguardarse del frío Sergei busca a
tientas acomodarse cuan profundo le permitía la escasa luz de Luna
que se filtraba al interior.
-Debiste huir.
-¿Lo ibas a permitir?
-No me importa mucho en realidad, si me ofrecí a matarte es por
gusto.
-Vaya. ¿Has aprendido a matar por gusto como nosotros?
Un fuerte he inamovible agarre por el cuello hace a Sergei callar y
preocuparse por una posible asfixia inminente.
-¡Yo no soy como ustedes! ¡Les estoy tratando como lo merecen
asquerosas creaturas!
-Está bien...lo sé...- A penas articula el sujeto. -Tú eres muy
diferente.
-¡¿A cuańtos otros animales has cazado como lo intentaste
conmigo?!, ¡¿A cuántos has matado sin razón?!
-Ninguno...yo cazo humanos...no animales.
El hombre es liberado y de inmediato aprovecha para retomar aire al
tiempo que se lleva una mano al cuello como intentando aliviar el
dolor.
-¿Qué haces tras de mi entonces?
-Tú...- Comienza el otro aún con dificultad. -Tú eres
completamente diferente a todo, sé que somos inferiores a ti, ellos
creen...yo también creí que podía vencerte en inteligencia
pero...¿Fingiste verdad? Sabías que iba tras de ti, fingiste esa
caida del árbol, fingiste...
-¡Fingí no mirarte cuando te enterraste en la nieve! porque creí
que eras parte de la familia de aquella cabaña, porque no
disparaste.
El detective siente como si el peso del mundo le cayese sobre los
hombros, sus movimientos se acartonan, sus ojos van de un lado a otro
como buscando en sus recuerdos la mirada que le describían, pero
nada viene a su mente.
-Yo...fui la presa todo el tiempo.
-Al menos desde que me di cuenta de que tú eras quien me
encontraba, creí que eras otro, tenía que estar segura de que no
era así, que no había más de mi.
-Tú...-La voz del hombre permanece titubeante y queda, todo su
aplomo y seguridad de antes había desaparecido por completo.
-Eres...tú ganas...mátame ya.
-No, dime todo lo que sabes del laboratorio, ¿qué saben ellos? Me
vas a ayudar a desaparecer por completo y podrás vivir.
18 ago 2014
Linhhn-i - Capítulo ?: Fugitiva
Capítulo
XII: Fugitiva
Ak dovurak, Rusia
(90.55ºE, 51.17ºN)
19:11 - 08/sep/1979
La
helada tarde daba paso a la noche en el pequeño poblado, aislado por
su distancia a Moscú, la vida rural soviética era dura para los
habitantes que sin embargo apacibles vivían su realidad.
Por la calle, inadvertida por la mayoría, caminaba una joven de
cabello rubio erizado, vestida hasta medio rostro con prácticamente
harapos, avanzaba con desinterés en sus pasos, sin embargo
observando en todas direcciones con sus brillantes ojos azules que
denotaban una mirada intranquila, para cuando llega a un pequeño
callejón se interna en él tras escudriñar los alrededores
asegurándose de no ser vista, una vez al fondo del estrecho pasaje
se sienta y de entre sus ropas saca un conejo muerto el cuál sin
reparo alguno comienza a devorar, velozmente termina con el animal
incluidos los huesos dejando a penas algunas gotas rojizas en el
húmedo suelo, chupando luego de sus dedos y labios hasta el último
resto de sangre. La joven se acurruca y se queda estática con uno de
sus ojos abierto mirando justo hacia la entrada del callejón.
En una pequeña base militar cercana varios soldados de alto rango
se encontraban discutiendo reunidos.
-La Mantícora fue avistada al este de Ak dovurak, ¿no es así
camarada Okhotnikov?-Asegura uno de los presentes señalando con la
mirada a quien pareciera el único sin uniforme.
Alto, esbelto y relativamente joven el hombre al que se referían
vestía una larga gabardina beige que lo distinguía de los demás
presentes.
-Así es camarada, rastreamos a la Mantícora teniendo con ella al
menos 5 enfrentamientos en los cuales hubo un insignificante número
de bajas, sin embargo nuestros esfuerzos por capturarla han sido en
vano por esa misma razón, estamos distrayendo mucho al personal en
la supervivencia del equipo, por lo que yo sugeriría, les dejaran
claras las prioridades a sus elementos- Afirma con seguridad el
señalado.
-¿Está sugiriendo que las vidas de los soldados carecen de
valor?-Responde otro de los uniformados con cierta molestia.
-En comparación con el costo del proyecto y las pérdidas hasta el
momento, si, eso estoy afirmando, la Mantícora es un muy valioso
objeto para esta nación, por lo que no debemos seguir escatimando en
esfuerzos para capturarla, y eso no es fácil dada su capacidad para
mimetizarse, la hemos visto con al menos cuatro apariencias
completamente diferentes-
-¿Cómo está seguro de que la ha visto entonces?-
-Eso es mi trabajo, y si se lo dijera les dejaría de ser útil, y
todos sabemos lo que pasa con quienes no le son útiles a la madre
patria, si a mi no me creen, pregunte a los soldados que han
sobrevivido por qué la han llamado Mantícora. Ahora, si me
disculpan, seguiré con mi trabajo-
Sergei Okhotnikov, un detective militar famoso por su habilidad para
seguir rastros invisibles se encontraba buscando por ordenes del
gobierno Ruso a la creatura que años antes hubiera escapado de una
de las instalaciones más secretas y seguras de la nación, al cabo
de dichos años ya se había encontrado cara a cara con ella una
docena de veces en las cuáles su interés había crecido, la
búsqueda prácticamente se había convertido en una obsesión para
él, más de una vez habían intentado reemplazarlo por otros
detectives, sin embargo ningún otro había siquiera podido dar con
la Mantícora, como recientemente nombraban al ser producto del
experimento LIINHHN-i.
A lo largo de sus encuentros había aprendido algunas formas de
acercarse a la creatura sin ser detectado por sus agudos sentidos,
rociarse con secreciones animales, pastillas que alteraban su ritmo
cardíaco entre otras, mismas que mantenía en secreto del resto de
los perseguidores dando así resultados que otros no habían logrado,
y ese día no fue la excepción.
Terminado su ritual sale en un automóvil particular con dirección
a Ak dovurak guiado por nada más que meras corazonadas.
En el pequeño poblado la joven seguía descansando cuando las risas
de un niño la despabilan aún cuando provenían de el interior de
alguna de las casas al rededor, imperceptibles para cualquiera, los
demás ruidos que escucha en aquella dirección le indican que la
casa estaba siendo dejada por todos su habitantes, por tal motivo
ágilmente salta al tejado y corre hacia el lugar entrando con gracia
felina por una ventana, rápidamente escudriña las habitaciones en
busca de ropa la cuál se lleva sin dejar mayor indicio de su
presencia.
Sergei entra al pueblo dejando su auto para luego comenzar a caminar
al azar entre las calles, mirando con discreción en todas
direcciones, escudriñando los detalles de las personas con quien se
cruzaba.
-¿A dónde te diriges?, ¿Por qué te detienes en algunas
ciudades?, ¿sólo para robar ropa?, no creo, hay algo más- Se dice
a si mismo el detective imaginándose charlar con la creatura a la
que buscaba.
En el tejado de la casa que acababa de atracar la joven se desvestía
ajena por completo al gélido clima, mientras lo hace mira en todas
direcciones termina de vestirse con las prendas robadas que a primera
vista le ajustan poco, sin embargo tras unos pocos pasos su cuerpo
cambia algunas tallas para hacer que tal diferencia desapareciera.
A pocas cuadras de allí el detective entregaba en la calle algunas
monedas a una mujer.
-¿Sólo tengo que gritar y luego usar el silbato señor?- Pregunta
ella desconcertada por la petición que se le había hecho.
-Si señora.
-Espero que su perro aparezca señor- Contesta la mujer dando luego
unos pasos.-¡Fermín, te estoy llamando Fermín, hazme caso!
Las palabras cruzan por las calles perdiendo fuerza, pero no
desaparecen para el agudo oído de la chica en el tejado quien siente
las mismas recorrer todo su cuerpo como un escalofrío, dubitativa se
queda pensando un momento para luego bajar a nivel de calle y caminar
hacia el lugar en que se habían escuchado.
Desde una esquina Sergei observa las calles discretamente
percatándose así de una joven rubia de media complexión y ropas
sencillas que aparece lenta y casualmente como buscando algo, luego
de unos instantes comienza a caminar por la calle con seguridad y sin
prisa, a pocos pasos voltea en dirección a la mujer con quien el
detective hubiera hablado antes, ésta soplaba fuertemente en un
silbato que parecía no producir ningún sonido. Sin prestar mayor
atención la joven sigue su camino.
El detective espera pacientemente hasta que la chica se aleja y se
acerca a pagar a la señora y recuperar el silbato.
-No te va el cabello rubio, aunque agradezco la suerte de volverte a
ver- Comenta para si el hombre mientras discretamente comienza a
cortar distancia con su objetivo.
Por algunas calles caminan hasta que la joven perseguida se detiene
frente a un local dedicado a los productos para mascotas, poco dura
estática para después decidirse a entrar. El modesto lugar
saturaría los sentidos más normales con aromas de alimento para
animales sin embargo, extraño para el tipo de tienda, no había una
sola jaula o pecera.
-Buenas tardes- Comienza la joven. -Quisiera saber por qué no hay
animales en su local- Su voz era casi melódica, pero su tono algo
arrebatado, ligeramente agresivo.
-Buena tarde, bueno señorita, como verá no tengo las condiciones
para tener animales aquí- Contesta el hombre encargado causando un
esbozo de sonrisa en la potencial clienta. -Es muy pequeño mi
espacio para las jaulas, y...- Intenta continuar el sujeto cuando se
percata de que la joven se retiraba.
Frustración casi iracunda se notaba en el rostro de la chica
mientras se alejaba con largas y apresuradas zancadas del lugar, su
perseguidor por otro lado se queda unos momentos parado frente al
lugar tratando de explicarse el porqué de aquella breve visita,
reanudando pronto su persecución terminándose escasos minutos
después cuando la joven entra a una pequeña fracción de bosque que
cruzaba por un costado del poblado dividiéndolo, allí el último
indicio del detective son algunos movimientos en las copas de los
árboles, algo que ya había presenciado pues, la Mantícora, como él
la llamaba, parecía tener preferencia por descansar en lo alto de
los árboles así que sin demostrar atención al hecho continúa de
largo su camino sin acercarse.
Estando a por lo menos un kilómetro del lugar el detective entra a
un pequeño merendero con bastante ruido y saca de sus ropas un
radio.
-La tengo localizada, pero se encuentra en un área muy abierta, una
franja de boscosa al sureste de Ak dovurak, el poblado es pequeño,
pero requeriremos de muchos elementos para intentar cercarla, y si me
lo pregunta, incendiar parte del bosque, no creo que tengamos más
que unas seis horas antes de que se mueva y volvamos a perderle,
solicito un equipo de francotiradores, debemos distraer su atención
antes de proceder con la movilización o se percatará, artillería
de alto calibre.
Escasas 2 horas más tarde un vehículo militar con cuatro tiradores
profesionales es recibido por Sergei quien los persuade con
múltiples ademanes a apagar el vehículo.
-Son unos idiotas, ¿Que no entienden que conoce el sonido de éstos
autos?, ahora, si ella sigue en el bosque necesito que se ubiquen en
estas posiciones- Comenta con claro disgusto mientras muestra un mapa
a los recién llegados.
-Necesito disparos simultáneos, sólo
tendrán una oportunidad, y deberán apuntar exclusivamente a la
cabeza, cuando jalen del gatillo la creatura escuchará las
detonaciones y reaccionará antes de que las balas lleguen, ténganlo
en cuenta, pues no es como un objetivo humano, sabrá exactamente
desde qué dirección le están disparando y se agazapará como lo
hace un gato, disparen pensando en eso, aquí hay una fotografía,
borrosa y lejana pero les dará una idea de la posición que toma
cuando se siente amenazada, en esa ocasión todos los disparos
fallaron pasando muy por encima del blanco, prevean ésto o les
aseguro que fallarán.
-Continúa él dando cuanta instrucción
consideraba pertinente.
-No es lo que parece, que su apariencia no
los engañe, se encuentra aproximadamente en esa dirección- Señala
y luego comienzan todos a moverse a los puntos acordados desde donde
rastrean las copas de los árboles de la cercana franja de bosque
localizando en breve la silueta de la joven rubia sentada en una rama
recargada en el tronco de un árbol que la alzaba a más de doce
metros del suelo y sin embargo parcialmente oculta por las ramas y
troncos de otros tantos árboles a su alrededor, la creciente
oscuridad descubría sus brillantes ojos que resplandecían con el
más mínimo destello de luz.
Un par de tiradores que miraban a la creatura discutían sobre su
apariencia.
-¿Esa es la Mantícora?, me parece una jovenzuela común.
-Muy común dormir en un árbol en el frío de las planicies, ¿eres
idiota?
-Ya lo sé, pero los camaradas la describen como de enormes garras y
colmillos, ¿no podría ser un error?
-Explícale al Sargento si tan convencido estás, yo sólo sigo
órdenes
Por las radios se escuchan los avisos de que las fuerzas de tierra
se estaban colocando en un perímetro de casi un kilómetro del
bosque; en un par de horas casi tienen rodeada la franja.
Desde las miras telescópicas de los tiradores, los únicos con
contacto visual de la extraña joven, no se percibe alteración en
ella quien reposaba cerrando alternadamente por largos ratos los
ojos.
Sin haber notificado de sus propios movimientos al resto de los
involucrados, Sergei se acerca al borde de la población armado con a
penas un radio, un revolver y nos binoculares para mirar a la
distancia a su elusiva presa.
En el semblante del investigador se percibe determinación,
paciencia; sus años tras La Mantícora le habían enseñado ya que
la tarea no ocurriría sin intensa preparación y algo de suerte,
pues aquella creatura en apariencia inofensiva había asesinado a
centenares de soldados armados y entrenados, había arrasado con
convoyes completos en minutos; él mismo había presenciado una de
aquellas masacres salvado entonces por un golpe de suerte, se había
ocultado fingiendo haber sido abatido a escasos centímetros de un
soldado moribundo, pues aunque la feroz creatura no daba tregua
contra quienes la amenazaban, rara vez corroboraba la muerte de sus
contrincantes, dándola por hecho en muchos casos en los que les veía
agonizar.
En más de una ocasión él parecía haber sido el único capaz de
presenciar las imposibles proezas del ser sin morir: saltos irreales,
carreras tan veloces que vencía las máximas capacidades de los
motores de automóviles, contorsiones indescriptibles, rugidos
ensordecedores; pero nada le había fascinado tanto como su
mimetización, en segundos sus facciones, estatura, su complexión y
hasta su color de cabello, ojos y piel, cambiaban para convertirla en
una persona completamente distinta; reconocerla tras un cambio como
ese era algo que solamente Sergei había logrado; el fundamento de su
éxito, esa habilidad que ni siquiera él se podía explicar del
todo.
Su firme postura ocultaba por completo sus sentimientos encontrados,
su miedo al saber lo que aquel ser era capaz de hacer, respeto al
verle como un reto al que era digno enfrentarse, orgullo como cada
ocasión en que encontraba a tan escurridizo blanco, nerviosismo por
su incapacidad para orquestar como quisiera a los temerosos pero
arrogantes soldados, adrenalina al imaginar que esa podría ser su
encuentro definitivo con Linhhn-i.
Los escasos últimos rayos de sol entraban por la ventana del cuarto
de Fiorella quien desde su silla tras el escritorio miraba a Lin
quien desde la terraza observaba de manera solemne al astro rey
desapareciendo en el horizonte.
Los ojos de la joven residente desbordaban curiosidad, su firme pose
contemplativa se rompía por instantes en los que casi reunía las
fuerzas para hablar, un “casi” que concluía retomando su
posición.
-Y...dime, la chica del retrato, ¿es como tú?
-¿Retrato?-
El cuestionamiento de la visitante toma por sorpresa a su
interlocutora quien titubea tras su automática pregunta. Lin pasa su
mirada a Fiorella para luego dar unos pasos al interior de la
habitación, dentro señala una fotografía colocada sobre un corcho,
en ella aparecían Fiorella y Marie de hace algunos años.
-¿Marie?...bueno, ella...es muy buena, y muy amigable...quizá...
-Me cuesta trabajo creer que seas la única con creencias así, los
humanos no suelen ser únicos, se agrupan, por su color, por sus
miedos.
-Pasando por alto que eso puede ser considerado como ofensivo, debo
decir que entiendo de qué hablas, pero no, en realidad discuto mucho
con otros humanos por mis ideas, muy pocos coinciden con ellas.
-¿Y dónde están esos otros?
-¿A qué te refieres?- La pregunta parecía haber golpeado a
Fiorella en el pecho.
-¿Por qué no se agrupan? ¿por qué todos esos que piensan como tú
no están cerca?
-Pues ellos...no...muchos sólo los conozco por Internet, no sé
quienes son en realidad sólo sé sus ideas y...
-¿Esa máquina frente a la que pasas todo el día es Internet?
Por un momento aquella pregunta parece infantil a los oídos de la
estudiante de ingeniería, sin embargo rápidamente se contextualiza
e incluso se siente aliviada al desviar la atención de aquél tema
anterior que había dejado en ella un sabor amargo.
-Pues si y no, en realidad el Internet es el conjunto de muchas
máquinas como ésta en todo el mundo, casi todos los aparatos
modernos son parte de Internet.
-Es decir que en ella puedes ver lo que pasa en otra máquina igual
en otra parte del mundo, ¿como el teléfono?
De nuevo, la primera impresión de Fiorella sobre el cuestionamiento
es su aparente infantilidad, sin embargo, una ágil reflexión de la
joven le hace entender que aquella analogía de hecho era en buena
medida válida.
-Si, se parecen un poco, aunque pueden comunicarse varias máquinas
a una sola, y viceversa; así como que pasan más cosas que solamente
voz.
-Ya veo, ¿y ver todo eso que ocurre en otras máquinas del mundo
amerita horas de tu tiempo? ¿No podrías ir a verlo por ti misma?
¿Reunir a las personas que están en aquellas máquinas?
El encuentro era ya impredecible para la habitante de la casa quien
sucumbe ante el por demás lógico cuestionario de su visitante.
Cada pregunta parecía cimbrar algún fundamento del comportamiento
de la anfitriona que luchaba por no debatir, por no perderse en
respuestas que ella misma dudaba tener en ese momento. La mirada de
la visitante sin embargo no era inquisitiva, de pronto pareciera no
tener prisa alguna en escuchar respuesta.
-No soy muy buena para charlar, ¿cierto?- Dice la joven de ojos
ámbar regresando a la terraza para contemplar la joven noche en el
horizonte. -No sé qué caso tiene; no del todo.
Esas últimas palabras le traen un pesimismo difícil de ocultar a
quien las escucha; quien no tiene si quiera tiempo para reaccionar
antes de escuchar la continuación.
-Quiero entender por qué mi padre me pidió que contara mi
historia; solo sigo su instrucción por honrar su memoria pero no veo
el caso de que lo haga, ¿hará cambiar a los seres humanos? No lo
creo, les he visto cometer los mismos errores incontable número de
veces, pareciera que no aprenden como los demás animales, sé de sus
capacidades cognitivas, sé que su capacidad cerebral es distinta a
la de otros, pero parece que solo un puñado de humanos lo usan para
aprender de sus errores, y además parece que todos los demás los
odian por hacerlo. ¿Por qué se envidian tanto unos a otros? ¿Cómo
es que no entienden que son iguales? ¿Por qué olvidaron lo que es
una manada? ¿Un ecosistema? ¿Para qué tienen palabras para cosas
que no entienden?
Aunque el discurso crece apasionado el semblante distraído de quien
lo pronunciaba no se altera mucho; contrario al de quien la escuchaba
pues su gesto variaba con cada palabra, Fiorella parecía sumirse
cada vez más en los pensamientos provocados que revoloteaban sin
control en su mente.
El silencio se prolonga un rato, despejando su propia duda la joven
de gafas se decide a hablar.
-Dices bien, no entendemos, pocos humanos entienden de verdad el
mundo, pero hemos llegado a ser tantos y hemos complicado tanto las
reglas de supervivencia para nosotros mismos que la mayoría pasa
todo el tiempo usando su cerebro para nada más que sobrevivir.
-¿Y de qué les sirve ser tantos si ese parece el origen de todos
sus problemas? ¿Para qué se reproducen en tal medida?
-No lo sé, el amor es algo que no manejo con mucha maestría que
digamos.
-No los entiendo, he visto a millares de humanos, he hablado con
decenas, pero a penas a un puñado he decidido charlar y a penas unos
cuantos parecen diferentes del resto.
-¿Has hablado con más personas?
-Todas ellas antes de ir al mar.
Linhhn-i dormitaba sin aparente cambio, los segundos que Sergei la
contempla le parecen horas. Al cabo de un minuto se lleva la radio
cerca al rostro, presiona el botón de hablar con lentitud casi
quirúrgica, habla:
-A mi señal abran fuego: tres... dos... ¡ahora!
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